jueves, 11 de diciembre de 2025

MATERFIESTO: LECTURAS COMPLEMENTARIAS

CLASIFICACIÓN POR TEMAS 

EL ORIGEN DE MATERFIESTO 

Antes de investigar en las diferentes categorías expuestas más abajo te invito a conocer el origen de  MATERFIESTO. Este texto reconstruye su origen intelectual y vital: no como reacción emocional ni como testimonio, sino como una investigación autodidacta sobre el poder que opera en los juzgados de familia. Una genealogía crítica que nace del desencanto institucional y deriva en un ensayo político, jurídico y filosófico sobre la violencia ejercida contra las madres en nombre de la protección.


1. VÍNCULO MATERNO-FILIAL Y LA VIOLENCIA INSTITUCIONAL 

EL VÍNCULO MATERNO-FILIAL: LA VERDADERA BASE DE LA SOCIEDAD HUMANA  Un análisis profundo sobre cómo el vínculo entre madre e hijo no es una construcción social sino una experiencia vital que sostiene a la humanidad, hoy amenazada por discursos tecnocráticos y estructuras patriarcales.

 MATERNIDAD: ESPEJISMO JURÍDICO  Este artículo enfrenta una de las ficciones más persistentes del derecho moderno: la idea de que la maternidad está protegida por la ley. Expone cómo la custodia, incluso en contextos de cuidado exclusivo materno, permanece bajo control judicial y sujeta al orden público. Analiza el matrimonio, la filiación y la supuesta igualdad parental como dispositivos que debilitan la autonomía de la madre. Invita a leer para comprender por qué, en términos jurídicos reales, los hijos que una mujer pare nunca terminan de ser solo suyos.

LA HEMBRA HUMANA Y EL "(NO)DERECHO" DE DEFENDER A SU CRÍA Este texto confronta una anomalía histórica: la única hembra a la que se castiga por defender a su cría es la humana. Analiza cómo el instinto materno, lejos de ser protegido, es patologizado y convertido en prueba en contra. Cuando una madre ruge, el sistema no escucha: diagnostica. Y en ese gesto, castiga la vida misma que dice proteger. 

IMPUNIDAD JUDICIAL: EL USO DE NEOLOGISMOS   Análisis del caso de Andrea y Ángela González Carreño desde una perspectiva crítica de la justicia institucional. El artículo cuestiona el concepto de “violencia vicaria” como cortina de humo que protege al sistema judicial, mientras borra la violencia estructural que permite —y a veces parece incentivar con sus decisiones— crímenes contra la infancia. Una denuncia clara del rol del Estado en la ruptura del vínculo madre-hija.

VÍCTIMAS RENTABLES Texto que denuncia la existencia de una industria del sufrimiento que se alimenta de mujeres en situación de violencia, litigio o crisis extrema. Analiza cómo ciertos profesionales transforman el dolor ajeno en permanencia económica, sustituyendo la resolución por acompañamientos interminables. Señala la diferencia entre comprender un problema y tener una estrategia real para salir de él. Invita a leer para aprender a distinguir quién trabaja para tu salida y quién depende de tu permanencia como víctima.

 LOS BARROTES DE PAPEL Este artículo expone el derecho no como garantía, sino como una arquitectura que organiza obediencias. Nombra los mecanismos legales que operan como barrotes invisibles y muestra cómo se sostienen a través de ficciones, registros y lenguajes opacos. No propone huir del sistema, sino comprender su diseño para moverse con estrategia y lucidez. Leelo para dejar de confundir legalidad con libertad y empezar a ver dónde están, de verdad, las grietas.

REBOLLEDO Y SU GRAN INVESTIGACIÓN  Este artículo desmonta la trampa retórica que equipara “denuncia no probada” con “denuncia falsa”. Analiza cómo el discurso mediático sobre las supuestas falsas denuncias funciona como coartada para desacreditar el testimonio infantil y criminalizar a las madres que denuncian. Explica por qué la falta de condena no es prueba de mentira y cómo esa confusión sostiene una maquinaria judicial que protege al pater familia y castiga la protección materna.

DE SIERVO A CIUDADANO  Este artículo cuestiona uno de los relatos más consolidados de la modernidad: la supuesta transición del siervo al ciudadano como conquista de la libertad. No analiza derechos, sino poder. No se detiene en la retórica democrática, sino en los dispositivos concretos —registro, documento, permiso— que sustituyeron la servidumbre explícita por una obediencia administrada.

 

2. VIOLENCIA MACHISTA, TECNOCRACIA Y PATER FAMILIAS

  LECHE MATERNA ¿ARTIFICIAL? Este artículo cuestiona la fantasía contemporánea de una “leche materna artificial” y revela lo que realmente está en juego: la apropiación industrial del cuerpo de las mujeres y del vínculo madre-bebé. Cuando se intenta producir lo materno sin la madre, no se busca alimentar mejor, sino gobernar la maternidad y neutralizar su potencia biológica, afectiva y política.

EVA Y LA CULPA Desmonta uno de los mecanismos más eficaces del patriarcado: culpar a la madre de los males que produce el propio sistema. Analiza cómo la responsabilidad de la violencia, el machismo y la desigualdad se desplaza sistemáticamente hacia el vientre que dio a luz, incluso bajo discursos progresistas. Señala la trampa de exigir heroicidad individual a mujeres domesticadas por las mismas estructuras que se pretende ignorar. Invita a leer para correr el foco de la culpa y mirar, por fin, el cuadro completo.

LA VIOLENCIA NO TIENE GÉNERO, TIENE SEXO  Una reflexión con datos duros sobre el uso ideológico del concepto de “género” en el análisis de la violencia. El artículo desmonta los discursos dominantes —tanto de derecha como de izquierda— y propone volver al análisis material y estadístico del sexo como variable determinante en los homicidios. Una herramienta útil para salir de la polarización y reflexionar desde la lucidez estructural.

LA PROSTITUCIÓN NO ES UN TRABAJO   Una crítica frontal a la narrativa que presenta la prostitución como una forma de trabajo válido o una elección libre. Este artículo denuncia la fragmentación del cuerpo y la subjetividad femenina que esa mirada presupone, y desmonta el discurso de la “libertad” desde una ética concreta: no somos objetos, no somos alquilables, no somos cosas. Un texto que incomoda —y debe incomodar— a quienes defienden la explotación con rostro de progreso.

¿SON CADENAS NUESTROS DERECHOS?  Es un artículo que analiza cómo el sistema jurídico convierte los derechos en herramientas de control más que en garantías de libertad. Examina el uso del “interés superior del menor” como doctrina que habilita la intervención estatal y desplaza la autoridad familiar bajo una retórica protectora. Expone cómo la discrecionalidad judicial y la falta de motivación real consolidan un poder sin contrapesos sobre la vida de niños y adultos. Invita a leer para comprender de qué modo la sumisión puede operar sin violencia visible cuando el control se presenta como derecho.

3. ESTADO, CUSTODIAS Y AUTORIDAD PATERNA 

SOBRE HIJOS, MADRES Y CUSTODIAS    Una genealogía clara y documentada del poder masculino sobre la infancia y la maternidad, desde Roma hasta la doctrina del "interés superior del menor". Este artículo permite entender que el debilitamiento del vínculo filio-materno no es nuevo, sino una constante histórica adaptada a cada época.

EL ORDEN PÚBLICO Y LA VOLUNTAD POPULAR  Este artículo recorre la historia del poder desde la ley de los dioses hasta la ley del Estado para mostrar cómo el “orden público” se convirtió en una herramienta central de subordinación. Analiza el paso de la moral religiosa a la voluntad general como principio incuestionable y el rol de jueces, expertos y tecnócratas como nuevos sacerdotes del orden. Introduce la figura de Cristo no como símbolo espiritual, sino como ruptura política radical con cualquier forma de dominación externa. Invita a leer para entender hasta qué punto la libertad ha sido reemplazada por obediencia bien maquillada.

 DERECHOS INDISPONIBLES: EL CANDADO DE TU LIBERTAD Este artículo desarma una de las ficciones más persistentes del Estado de Derecho: la idea de que la autonomía individual es el centro del sistema jurídico. Explica cómo los llamados “derechos indisponibles” funcionan como un candado que limita la libertad justo allí donde más importa: hijos, cuerpo, trabajo y subsistencia. Recorre sus raíces históricas y muestra su aplicación desigual según clase y poder. Invita a leer para entender por qué la libertad contractual termina siempre donde empieza la verdadera dominación.

 

4. PATOLOGÍAS PARA MADRES E HIJOS

PATOGIZAR PARA CALLAR (NOS) Este artículo recorre una operación de silenciamiento desconocida para quien no pasó por un juzgado: cómo el daño real se convierte en defecto personal, cómo la violencia institucional se borra como causa y reaparece como patología materna. No es un texto de opinión: es una lista, un espejo y una pregunta incómoda sobre qué se castiga cuando una madre no acepta perder a su hijo.

  EL MOTIVO DE PATOLOGIZAR A LAS MADRES  Un artículo que explica por qué la patologización de las madres no es un error ni un exceso, sino una estrategia histórica de control. Analiza cómo el sistema judicial transforma la reacción biológica y emocional ante la separación de los hijos en un supuesto trastorno para deslegitimar la palabra materna y justificar decisiones ya tomadas. Expone las funciones políticas y jurídicas de la psiquiatrización y su efecto directo sobre el vínculo madre-hijo. Sostiene, finalmente, que el derecho ignora de forma deliberada una realidad ontológica previa: el vínculo materno no se negocia, no se sustituye y precede a la ley.

  DIAGNÓSTICOS JUDICIALES Este artículo muestra la fractura radical entre el lenguaje de la salud y el de los tribunales cuando se trata de infancia y maternidad. Contrapone el abordaje médico del sufrimiento infantil con el uso judicial de diagnósticos sin base clínica, como la llamada “alienación parental”. Explica cómo la palabra del niño se borra y se reemplaza por relatos funcionales al expediente. Invita a leer para entender cómo un síntoma que en el hospital se cuida, en el juzgado se castiga.

5. MARCO CONCEPTUAL Y ETIMOLOGÍAS

 BANALIZAR PARA DESTRUIR  Examinemos cómo el pensamiento crítico se diluye cuando las palabras se repiten sin reflexión. A partir de Hannah Arendt, Jean Baudrillard y Pierre Bourdieu, analiza la banalización intelectual como forma activa de violencia simbólica. Muestra cómo conceptos jurídicos y políticos pierden sentido mientras conservan apariencia moral. Invita a leer para recuperar el peso real de las palabras cuando lo que está en juego es la vida concreta.

INGENUA LIBERTAD   Este artículo explora el significado original y la evolución de tres palabras clave vinculadas con la libertad: ingenuo, libertino y manumitido. A través de un análisis etimológico e histórico, se revela cómo estas palabras han sido deformadas hasta invertir su sentido original, mostrando cómo el lenguaje refleja —y moldea— nuestras ideas sobre la libertad, el poder y la sumisión. Un texto fundamental para quienes quieren entender cómo la manipulación del lenguaje redefine lo que consideramos libertad.
 LA TRAMPA DE LA FAMILIA  La familia no nació del amor, sino del poder. Este texto desmantela el mito de la familia como espacio natural de afecto y protección, y lo sustituye por una lectura realista de su raíz jerárquica, patriarcal y funcional al control estatal. Revisamos un poco de historia, etimología y derecho para mostrar cómo el concepto de “familia” encubre estructuras de dominación que, lejos de haber desaparecido, hoy se reproducen con ropaje legal y retórica de derechos. Una reflexión incómoda para algunos, pero urgente para muchos.
 ENTUSIASMO CIEGO Este texto es una reflexión sobre el límite entre la buena intención y el daño involuntario sobre el entusiasmo que ayuda sin comprender y sobre la necesidad de profundidad antes de intervenir en la vida de otros. No ofrece respuestas definitivas sino una mirada honesta sobre la responsabilidad de querer hacer el bien. Te hago una invitación a leer desde la humildad y no desde la prisa
TOMÁS DE AQUINO: SANTO PATRÓN DE LOS PROXENETAS 
Examinemos críticamente el lugar de Tomás de Aquino en la tradición moral y teológica occidental a partir de sus propias afirmaciones sobre mujeres, sexualidad y prostitución. Analiza la función doctrinal de esas ideas y su impacto histórico en la legitimación de la subordinación femenina y de ciertas violencias normalizadas. Señala la contradicción entre la veneración acrítica del autor y el uso selectivo de su autoridad para sostener discursos contemporáneos sobre orden, moral y sexo. Invita a leer para desmontar el pedestal, no desde el anacronismo, sino desde la responsabilidad intelectual de tomar en serio lo que se cita.

6.  FEMINISMO, PODER Y RESPONSABILIDAD POLÍTICA

¿DÓNDE ESTÁN LAS FEMINISTAS?     Un ensayo necesario sobre la instrumentalización del feminismo como excusa o chivo expiatorio. Pregunta por qué se exige más a quienes denuncian que a quienes gobiernan. Una reflexión crítica sobre la complicidad estructural del poder —masculino y femenino— con los sistemas de opresión....y la culpa, siempre la culpa.

 FEMINISMOS Y MADRES    Este análisis pone el foco donde muchos discursos prefieren no mirar: en las madres reales y en su ausencia sistemática del relato feminista dominante. Recorre silencios, contradicciones y comodidades que han dejado a la maternidad fuera de la agenda política mientras se proclama emancipación. Interpela a los feminismos que hablan de derechos sin hacerse cargo del cuerpo que gesta, cría y sostiene la vida. Invita a leer desde una pregunta incómoda: qué revolución es posible si quienes paren y cuidan siguen siendo invisibles.

NI MUJER NI MINIFALDA  Este texto cuestiona una contradicción central del discurso contemporáneo sobre la violencia: negar toda causalidad en la víctima cuando conviene, pero atribuirla a su condición cuando resulta útil jurídicamente. No habla de ropa ni de consignas, sino de algo más incómodo: la responsabilidad individual del violento y la tentación de convertir a la víctima en símbolo para sostener un relato.

  MUJERES SOLAS  Este artículo analiza cómo el lenguaje refleja estructuras de poder patriarcales, al señalar que las mujeres, incluso en grupo, son consideradas “solas” si no hay un hombre presente. Se expone cómo esta visión cultural convierte a la mujer sin varón en sospechosa, imprudente o vulnerable, mientras que la compañía femenina no cuenta como compañía legítima. Es una crítica al patriarcado lingüístico que opera en lo cotidiano y que moldea cómo se juzga la presencia femenina en lo público y lo privado.

VIOLENCIA VICARIA: ¿DESCUBRIMIENTO O INVENTO?  Una crítica al concepto de violencia vicaria y su uso institucional. Sostiene que lo que muchas veces se presenta como violencia ejercida por el padre contra la madre, en realidad es violencia institucional ejercida por jueces, equipos técnicos y tribunales que ignoran el relato de los niños y castigan a quienes los protegen. El texto compara las narrativas de “violencia vicaria” y “alienación parental” como formas de encubrimiento de la responsabilidad judicial. Reclama respeto a la voz de los niños, y denuncia que el sistema no escucha: etiqueta, silencia y ejecuta.


 7. ABORTO, NATALIDAD  Y CONCIENCIA ÉTICA

 HOMBRES CONTRA EL ABORTO     Una respuesta irónica y educada a los varones que se oponen al aborto desde su pretendida superioridad moral, pero sin asumir sus responsabilidades. El texto no defiende el aborto como ideal, sino como realidad social hasta que las condiciones de libertad real para gestar, en paz y sin miedo, existan.

NATALIDAD Y MADRES  ¿Y si solo nacieran hijos deseados por sus madres? Este texto propone una idea radical: liberar la natalidad del control patriarcal para devolverle a las mujeres el poder sobre la vida. Un ensayo que incomoda a todos los sectores.

  ¿QUIÉN MATA MÁS? LA PREGUNTA EQUIVOCADA  Desmonta la falacia que pretende comparar aborto con homicidio, mostrando cómo se trata de una estrategia discursiva que omite contextos sociales, legales y médicos. Señala que el aborto no es una acción individual sino una decisión condicionada por múltiples factores. Reivindica la libertad de las mujeres a decidir sobre su maternidad como un acto de dignidad y responsabilidad, y denuncia que quienes se oponen al aborto suelen ser los mismos que no defienden una vida digna para quienes ya nacieron.

LA ILUSIÓN DEL CASO EMBLEMÁTICO Analiza cómo la visibilidad, que alcanzan algunos casos de madres deshijadas, lejos de proteger, suele enfriar expedientes, desgastar vínculos y volverse contra la madre dentro del proceso judicial. No habla de épica ni de héroes: habla de tiempo, papeles y obediencia. 

  ENTUSIASMO CIEGO Es un texto que reflexiona sobre el riesgo de ayudar desde el entusiasmo sin conocimiento profundo del alma humana. A partir de una experiencia personal y del pensamiento de Steiner e Ingenieros, explora cómo la buena intención puede volverse dañina cuando no está acompañada de madurez y comprensión. Plantea la tensión entre prudencia y acción, entre responsabilidad y urgencia vital. Invita a leer como ejercicio de autocrítica honesta sobre cómo, por qué y desde dónde intervenimos en la vida de otros.


8. MEMORIA, IDENTIDAD Y AFECTOS


PERTENENCIA   Reflexión personal sobre cómo el verdadero sentido de pertenencia no siempre se ancla a los lugares, sino a las personas que habitan nuestros afectos y dejan huellas en nuestra historia.

  CIERRE INAUGURAL   Una meditación sobre los finales que no buscan redención ni retorno. Porque aceptar el cierre también puede ser un acto de libertad, dignidad y comienzo. Pensé en mí y en ti. En todos los que conseguimos cerrar ciclos.

  EL CANAL DE LA ALEGRÍA  Reivindicación del poder de nombrar y del valor simbólico del cuerpo femenino frente a los intentos de borrarlo o degradarlo desde el lenguaje. Una defensa poética y política de la hembra humana y su maravilloso órgano sexual y reproductor. Allí  se encuentran la vida y el placer.

¿EMPATÍA REAL O DE MANUAL?     Hablemos sobre la necesidad urgente de vínculos sinceros en tiempos de positividad vacía. Este artículo desenmascaramos la cultura del eslogan y de las respuestas automáticas que reemplazan la verdadera escucha. Propongo una empatía sin fórmulas, hecha de presencia, palabras pensadas y disposición a sostener el dolor ajeno sin silenciarlo. Un texto para quienes ya no soportan la superficialidad.

 SILENCIO HORMONAL  Una reflexión íntima y serena sobre la menopausia, alejada de dramatismos y eufemismos. Narro el final del ciclo menstrual como una transformación natural que trae consigo descanso, autoconocimiento y una nueva forma de habitar nuestro cuerpo. En lugar de pérdida, veo una plenitud tranquila que se disfruta en silencio, sin presiones externas ni relojes internos.

9. POESÍAS SOBRE MATERNIDAD Y PROCESOS JUDICIALES

CARDIOCONTRATO Es un poema que afirma que el vínculo entre una madre y su hija no nace de la ley, ni del contrato, ni del consenso social, sino del cuerpo y del amor que las une. Cardiocontrato nombra una jurisdicción propia —la del corazón— y declara que ninguna autoridad externa puede decidir sobre la vida íntima, cotidiana y simbólica de una niña. Invita a leer desde esa afirmación radical: que hay lazos que no se conceden, no se delegan y no se administran. 

  PROCESO DE FAMILIA  Un poema que nombra el proceso judicial de familia por lo que es: un recorrido de violencia sostenida, desgaste físico y crueldad institucional. Proceso de familia convierte el lenguaje administrativo —audiencias, plazos, escritos— en materia corporal: sangre, vigilia, humillación, resistencia. No hay metáfora consoladora ni épica del triunfo; hay aprendizaje forzado, paciencia estratégica y golpes repetidos bajo una legalidad que hiere. Nos habla de qué ocurre cuando la justicia deja de ser abstracta y se inscribe, día tras día, en el cuerpo y en la vida.

martes, 2 de diciembre de 2025

EL TIEMPO EN LOS PROCESOS DE FAMILIA

El tiempo enemigo: cómo la demora judicial destruye el vínculo.


En causas de infancia, una vez que el juzgado ha desposeído a la madre de su hijo, el tiempo no es un factor más: es el que lo determina todo. Cada mes sin contacto significativo reescribe mapas afectivos. Cada plazo vencido consolida una realidad que luego se legitima como "interés superior". El sistema lo sabe, y controlar el calendario es su manera de controlar el vínculo.

Las demoras judiciales no son espontáneas ni neutras. Funcionan como herramienta de poder que desplaza el conflicto del terreno jurídico al biográfico: mientras los plazos se alargan, el niño reorganiza su apego sustituto y la madre pierde, día a día, capital vincular y procesal. El resultado es previsible: a más espera, menos vínculo; a menos vínculo, más "estabilidad" para justificar que el niño o la niña se queden donde los puso el juez.

Ese daño ocurre en silencio. Los niños pequeños codifican seguridad a través de rutinas y presencias concretas. La interrupción sostenida debilita el recuerdo de su vida anterior en el hogar materno: el olor, la voz, los gestos, las comidas de casa, el perro de la familia, etc. Tras meses sin encuentros, sucede lo previsible: el sistema psíquico prioriza la proximidad posible. La ausencia prolongada se vuelve algo lejano. Tal vez como si esos recuerdos pertenecieran a otra persona o a una vida ajena.

El proceso es progresivo. Durante los primeros seis meses hay ansiedad, búsqueda, síntomas conductuales. Entre los seis y dieciocho meses, sobreviene la adaptación por resignación. Las referencias a la figura ausente disminuyen. A partir de los dieciocho meses se cristaliza una nueva normalidad. El reingreso de la madre a esa nueva vida requiere entonces, según los "expertos" un trabajo terapéutico planificado. Para la madre ser tratada como una extraña en la vida del niño es un nuevo golpe difícil de asimilar.

Mientras tanto, el expediente traduce esa pesadilla vital en lenguaje legal: "no desestabilizar al menor", "mantener entorno actual", "preservar referencias afectivas". En otras palabras, la demora fabrica las condiciones para su propia justificación.

Y el expediente sabe fabricar tiempo. A la madre se le piden pericias en cascada: una evaluación abre otra, que abre un contrainforme, que abre una nueva pericia. Requisitos ejecutados en secuencia y no en paralelo: tratamiento, informes, oficios, cada uno esperando al anterior. Audiencias diferidas por agendas saturadas. Medidas "cautelares provisionales" que se eternizan. Lo provisorio dura lo suficiente como para volverse realidad emocional. Y esto es un término que muchas madres no llegan a entender: creen que "provisional" significa que pronto habrá una medida definitiva. No saben que hay niños que están bajo medidas provisorias durante años y nadie se lo dice.

Hay además un factor determinante en todo esto: admitir errores implica reconocer fallas en informes, decisiones y pericias. La narrativa de la "estabilidad" se vuelve cada vez más costosa de revertir. Y desde una economía procesal básica, sostener lo decidido consume menos recursos que revisar en serio. Es más barato dejar al niño donde está.

El tiempo lo cambia todo. El niño pierde tonos, gestos, códigos compartidos. Pierde la seguridad construida. Quién está, responde; quién no está, deja de ser "base segura". La escuela, el entorno, la familia extendida empiezan a legitimar la nueva realidad. La madre, mientras tanto, pasa de agente a espectadora. Aumenta la reactividad; baja la estrategia. El dolor de las madres en ese momento llega a ser casi insoportable. Muchas enferman: desarrollan enfermedades autoinmunes, estrés crónico, cáncer, úlceras, depresión etc

¿Cómo oponerse a este mecanismo, por muy duro que sea? Con actos. Con ritmo. Con papeles. El antídoto no es emocional: es operativo. Es convertir semanas en acciones. Paralelizar en lugar de secuenciar: tratamiento + pericia + pedido de visitas en curso, no en cola. Estandarizar escritos. Mantener ritmo fijo de presentación: si no hay audiencia, hay escrito; si no hay escrito, hay constancia; si no hay constancia, hay pedido de estado. Y sobre todo: registrar cumplimiento mensualmente. Terapias. Talleres. Cursos. Pedir poco, pero pedir bien. Pequeñas ampliaciones: que las visitas terapéuticas vigiladas pasen de 30 a 60 minutos, de mensual a quincenal. Documentar cada encuentro con lenguaje pericial.

Mientras tanto, gestionar la espera con autocuidado: bloques diarios "no negociables" (sueño, comida, movimiento, foco) durante semanas críticas. Silencio comunicacional en tiempos rojos: la energía va al expediente.

Yo misma usé ese silencio comunicacional por mucho tiempo para preservar mis fuerzas. A pesar de no haber perdido a mi hija, el miedo de que pudiera pasar me acompañó durante todos los años que duró mi proceso. Desarrollé la hipervigilancia sin saber cómo se llamaba. Todavía la tengo. Ahora con su nombre.

Los errores comunes regalan tiempo al sistema: estallidos públicos cerca de plazos, pedidos maximalistas sin base documental, no documentar terapias por considerarlas "injustas", cambiar de estrategia cada mes. Son los que más he observado hablando con decenas de madres a lo largo de estos diez años. A mí misma me sorprende esta cuenta: desde febrero de 2016, fecha de inicio de mi proceso, hasta hoy, diciembre de 2025. Ese es el tiempo transcurrido.

Un tema no menor es el lenguaje. En los juzgados, el lenguaje importa. Esto me lo han enseñado los cientos de documentos judiciales que he leído. Abren puertas expresiones como: "consta en autos que...", "adjuntamos constancia de...", "solicitamos ampliación limitada a...", "proponemos período de prueba de 60 días con evaluación intermedia". Las cierran otras como: "exijo que devuelvan a mi hijo ya", "todos están en mi contra", "no haré pericias porque son injustas", "si no me dan todo, no acepto nada". El juzgado premia la previsibilidad y la proporcionalidad.

Una curva realista promedio para que madre e hijo retomen el contacto tiene diferentes fases.  Podría ser algo así: entre el mes 0 y el 2: terapia parental y solicitud inmediata de visitas supervisadas. Meses 3 al 6: estabilidad en el cumplimiento y pedido de ampliación. Entre el 6 y el 9: actividades estructuradas con el niño, como lectura o juego guiado, con reporte posterior. Del 9 al 12: revisar condiciones de supervisión, proponer salidas breves. Después del año: evaluar transición a encuentros no supervisados con seguimiento terapéutico. Todo esto con constancia documental, tono técnico, objetivos modestos y escalables.

Gobernar el tiempo también es repartir responsabilidades. La madre regula su ritmo, su lenguaje, su dolor. El abogado gestiona oportunidades procesales. El buen terapeuta sostiene emocionalmente. Y la red cercana de amigas o familiares absorbe tareas logísticas y de contención.

Para una madre que vive la catástrofe de haber visto cómo le arrancan a un hijo de su vida, es muy difícil comprender que el tiempo siempre va a jugar en contra si no se le oponen actos. Ella quiere que le devuelvan a su hijo ya.

Cuesta entender que la épica no altera cronogramas; los documentos sí. La política útil, aquí, no es la denuncia permanente, sino la administración meticulosa del calendario: cada quincena con un movimiento real, cada mes con un avance verificable.

No es heroísmo: es método.

Es una situación muy dura y difícil de transitar.

Cuando casi es imposible respirar, es mucho más imposible ser estratégica. Desde aquí, mi abrazo a todas las mamás que viven o han vivido estas circunstancias.

 Isabel Salas


domingo, 30 de noviembre de 2025

LA ILUSIÓN DEL CASO EMBLEMÁTICO

Todo está encendido, pero nada avanza.  Una escena que parece acción, pero es pausa. Hay visibilidad pero el proceso está descuidado.

 

En todos los años que llevo estudiando sobre las retiradas de custodia a las madres, he observado un fenómeno común en todos los países: ciertos casos captan atención mediática y se transforman, artificial y temporalmente, en emblemáticos. Alguien les dice, o ellas mismas llegan a una conclusión que es una ilusión: la visibilidad moverá montañas.

Sin embargo, los expedientes de los juzgados de familia no se conmueven con trending topics. La justicia, cuando se mueve, no suele hacerlo por presión pública. Y si un niño vuelve con su madre, casi nunca es por reparación ni porque el juzgado reconozca un error. Las poquísimas veces en que un niño regresa, suele ser porque alguien más denuncia los abusos que continúa sufriendo —ahora que la madre ya no puede “manipular nada” y el violento resulta imputado. Una profesora, un vecino e incluso otro familiar que observan la situación consiguen en pocos meses que se investigue a fondo lo que la madre (mentirosa, resentida, obstructora, alienadora etc) no consiguió en años.

Esto sucede en contadísimas excepciones. Lo habitual, lo que pasa en los casos que se vuelven bandera,  es que la madre desconcertada y sin poder asumir su nueva realidad, empiece a moverse de acá para allá contando su historia, esperando genuinamente “que alguien haga algo”. Concejales, conocidos, diputados, periodistas....escuchan con empatía pero nada pueden hacer, al final, eso de que los "tres poderes" esté bien separaditos, impide que los diputados puedan influir en una decisión judicial.

Y, en la mayoría de los casos, la madre descuida el expediente judicial, que es donde está la única posibilidad real de volver a ver al hijo que le han arrancado de los brazos. Mientras el mundo sigue al símbolo, el expediente se enfría. Y el tiempo, el arma más eficaz del sistema, hace su trabajo: desgasta vínculos, erosiona memoria afectiva y organiza el olvido.

A lo niños suelen decirles que su mamá esta enferma y debe cuidarse para poder volver a ser parte de su vida. Al dolor de estar sin su madre se une la preocupación de saberlas mal de salud y no poder verlas.

Sin embargo el tiempo apremia y cuanto más pequeños son los niños, antes hay que ponerse las pilas: leer y releer el expediente, entender qué hace falta para que  te permitan tener visitas vigiladas lo antes posible, después sin vigilancia, y si todo va bien —con los tratamientos psicológicos que te impondrán y que tendrás que hacer— empezar, con suerte, a llevarte a tu hijo a casa algunos días sueltos, luego algunos fines de semana. Con los años, tal vez puedas tenerlo en vacaciones.

Este camino de amargura, que hasta ahora es el único que permite a las madres volver a acercarse a sis hijos,  requiere entender una verdad incómoda: a los niños se los lleva el juzgado, y no hay otra forma de recuperarlos que obedeciendo.

Para eso les quitan los hijos a las madres: para que se sometan, acepten tratamientos, y puedan ser humilladas. Servir de ejemplo a otras madres sí, pero el ejemplo que a los jueces les gusta. Madres entrando por el aro.

En la televisión las empoderan. En las ONGs que las rodean, a veces las contienen, otras veces las usan. Pero en ninguno de esos escenarios les devuelven a sus hijos.

Estas madres mediáticas caen, inevitablemente, en otra trampa: el mito del “caso que lo cambiará todo”. Suena bien, es esperanzador, pero funcionalmente inútil. Ellas piensan —ingenua y genuinamente— que su caso es diferente. Y ese pensamiento, aunque falso, les sirve como defensa psíquica. Creer que lo propio es excepcional protege del sentimiento de impotencia, pero desvía energías del único lugar donde aún pueden existir soluciones reales: el proceso judicial.

Así, lo urgente se traslada al escenario público —que premia el drama—, y lo necesario queda relegado. Se pierden plazos. Se dejan de recurrir decisiones clave. Se desobedecen, de forma irreflexiva, medidas judiciales que, aunque humillantes, son muchas veces el único camino hacia el reencuentro con el hijo.

Esa ilusión no es fruto de inmadurez ni de falta de inteligencia. Nace del dolor extremo y de la necesidad de encontrarle sentido. En medio de una crisis aguda, la mente busca una narrativa que ordene la catástrofe. Así empieza el ciclo de repeticiones: “si lo cuento lo suficiente, esto va a cambiar, alguien hará algo”. El relato se  repite hasta fijarse de manera casi mecánica. Y eso permite que la madre actúe sin quebrarse.

Pienso que ese personaje —el que habla, el que da entrevistas, el que sigue contando— resulta más tolerable para la madre en cuestión que la propia herida. Es él quien le permite sostenerse en esa misión mediática.

Por otro lado, los medios de comunicación recompensan tramas simples, antagonistas claros, emociones en primer plano. La figura de la madre conmovedora garantiza atención, aunque empobrezca la comprensión jurídica del caso. No se profundiza en los detalles, en la violencia institucional explicada paso a paso. No se leen los sermones moralistas de los jueces, sólo les interesan el ruido y las lágrimas.

Y así, la exposición mediática crece,  el expediente se vuelve cada vez más frío, mas lejano y más abandonado.

¿Y por qué la visibilidad no revierte medidas judiciales? Sencilla respuesta, porque hacerlo implicaría admitir fallas en informes, pericias o decisiones técnicas. Y el sistema protege su continuidad. Se invocará la “estabilidad del menor” como principio rector para no devolver el niño a su madre. Incluso cuando esa estabilidad sea una ficción construida sobre mentiras, errores o mala fe. 

Las estructuras judiciales sólo modifican lo dictado cuando hay vicios procesales claros o hechos nuevos demostrables. Nunca por escándalo mediático.

A veces, la visibilidad incluso juega en contra. Cuanto más emocional sea la exposición, más fácil será deslegitimar a la madre: impulsiva, obsesiva, manipuladora. Lo que se muestra como clamor público puede convertirse en evidencia desfavorable ante el juez. El personaje mediático termina usándose en su contra en las salas y en los pasillos del tribunal.

En la justicia de familia, quien controla el tiempo, controla el vínculo. Cada mes sin contacto significativo reescribe el mapa emocional del niño. A los tres años, la distancia duele; a los seis, se transforma en identidad. 

Además, el expediente tiene su propia “letra chica”: si no hay constancias regulares de cumplimiento, si no se presentan informes de las terapias, si no hay escritos a tiempo, el sistema interpreta que no hay interés. No escucha  ruido ni pataletas en las redes sociales: lee informes y calendarios.

Convertirse en símbolo tiene costos subjetivos altos. Sostener una identidad pública consume recursos emocionales que luego faltan para sostener la vida cotidiana y el proceso. Las entrevistas, los foros, los lives, los viajes, muchas veces desplazan las pericias, los oficios, las terapias exigidas y hasta el propio empleo. Y ese desplazamiento no se ve, pero tiene un costo. Además, las consignas simplistas que exigen los tiempos cortos de la televisión y los relatos erráticos o exagerados, dañan la causa materna en general. El sistema necesita caricaturas para justificar los arrancamientos y las inversiones de guarda. Y el personaje, sin quererlo, se las sirve en bandeja.

¿Quiere decir esto que la visibilidad no sirve para nada? No. Sirve para otras cosas. Puede disuadir excesos, generar redes de apoyo económico y terapéutico, instalar temas en la agenda pública. Pero no puede, por sí sola, revertir decisiones. No puede reemplazar pericias, tratamientos, oficios, ni el registro de cumplimiento que un juzgado está obligado a mirar. La visibilidad sin proceso es espectáculo. El proceso sin visibilidad puede ser asfixia. La estrategia es otra: jerarquizar el expediente y usar la comunicación como escudo, no como arma.

Para eso, hay recursos mínimos que pueden organizarse incluso en el caos: un calendario procesal claro, recordatorios internos antes de cada vencimiento, una carpeta digital con pruebas ordenadas. Constancias de tratamientos. Asistencia a pericias. Registro sobrio de cada interacción permitida. Comunicación pública  nula o muy medida, verificable, sin acusaciones nuevas y sin decir que niños que están con el padre por orden judicial, en realidad están secuestrados. Esto es un tiro en el pie y lo he escuchado en varios idiomas de diferentes madres. 

La madre necesita un guion con frases vertebrales para no improvisar durante plazos críticos. Coordinación semanal con abogado y terapeuta. Y una red de apoyo que sostenga la visibilidad, para que la madre pueda sostener el proceso.

Porque hay cosas que se pierden si no se realizan en tiempo y forma. Visitas supervisadas que podrían haberse ampliado. Tratamientos que habrían abierto puertas. Pedidos modestos que no se hicieron. Lenguaje técnico que no se usó. El expediente no premia heroísmo: premia constancia y sumisión.

Y cada mes invertido en ruido es un mes perdido en persistencia. La constancia, en estos casos, es la forma más eficaz de resistencia.

No se trata de callar el dolor. Se trata de no entregarlo al espectáculo. La causa materna no necesita mártires virales. Necesita criterio, paciencia, papeles en orden y una narrativa austera. La sobriedad no es frialdad: es disciplina. 

Por ultimo, es necesario decir que los casos emblemáticos, que nacen con la noble misión de visibilizar una realidad cruel, tienen un efecto dominó. Acaban invisibilizando, sin querer, a decenas de miles de otras madres, que piensan que si el caso emblemático se resuelve, los suyos también tendrán solución.O peor, se enfocan en convertirse en mediáticas también.

Grave error, cada madre debe cuidar de su propio proceso y hacer su duro y cruel camino sin dejarse deslumbrar por los focos de la fama efímera propia o ajena.

Desde aquí mi sincero abrazo a todas las madres que están viviendo estos duros años.

Isabel Salas 

 

domingo, 23 de noviembre de 2025

EL ORIGEN DE MATERFIESTO



Aunque empecé este blog con la idea de responder las preguntas que nunca me preguntaron, hoy voy a responder una que sí me han hecho varias veces en las últimas semanas: ¿De dónde surge la idea de escribir Materfiesto? ¿Hubo un punto de inflexión que me inspiró a hacerlo?

Voy a responder con rigor: hubo dos momentos decisivos en mi vida en relación con este ensayo, que en pocos días será publicado.

El primero fue el impacto de una experiencia concreta. En 2016, salí de una sala del Juzgado de Familia de Curitiba, después de ser atendida por una psicóloga joven, formada en teorías de “alienación parental”, cuya soberbia era tan escandalosa que aún hoy me felicito por la paciencia que tuve. Todavía me sorprende no haberla insultado en voz alta, como sin duda lo hubiera hecho con cualquiera que me interpelara con semejante impertinencia.

Conforme pasaban las horas, analizaba a la fulana y su actitud me parecía no solo cada vez más mediocre, sino también sorprendente y peligrosa. Sin embargo concluí, después de pocos días, que ella no podía ser el problema, sino el síntoma. Yo no estaba dispuesta a perder mi tiempo tratando de comprender la bajeza moral de aquella harpía.

Me interesaba más el verdadero problema que, obviamente, era el sistema que la había colocado ahí, investida de poder institucional para evaluar a madres en contextos judiciales donde los hijos no querían ver a los padres.

Esa revelación marcó el inicio de un trabajo detectivesco. Dejé de preguntarme por qué me habían tratado así, y empecé a preguntarme desde qué estructuras culturales, históricas y jurídicas se permitía  que ella y los demás actores del juzgado actuaran como lo hacían.  Qué o quiénes  eran responsables porque aquella falta de educación y esa arrogancia mediocre formara parte del ambiente donde se dirimen asuntos familiares tan delicados.

Ya no quería entender mi caso. Quería entender el dispositivo. No me interesaba saber qué me pasaba a mí; quería saber qué les pasaba a ellos: a la gentuza que ocupan esos roles, de dónde viene su  autoridad injustificada y cómo aplican violencia institucional con total naturalidad.

Así comenzó la investigación —y mi preparación para irme. 

Mi primera herramienta no fue el derecho, sino la historia. Quise saber en qué momento la psicología forense judicial —que para mí es una pseudociencia— entró a los tribunales y adquirió rango de verdad. Me interesaba entender qué función cumple ese discurso dentro del aparato judicial, y por qué un "saber" sin método científico ni replicabilidad se ha convertido en dogma estatal.

Paralelamente me  organicé para pedir refugio humanitario lo antes posible en algún país vecino, y me fui a finales de 2017. Primero a Uruguay, luego a Argentina. Dos países que hoy son parte de mi vida, y en los cuales entré en contacto con otras madres, tanto locales como a través de redes.

Escuché decenas de relatos, y confirmé que aquella psicóloga no era una excepción. Todas describían el mismo patrón: mediocridad, arrogancia y desprecio disfrazado de autoridad profesional.
Lo digo sin rodeos: es más serio el horóscopo de la revista de la peluquería que la psicología. Y menos dañino. Al menos el horóscopo no pretende ser ciencia ni destruye vidas desde un tribunal.

Después mi investigación se fue haciendo etimológica. Empecé por lo más básico: la palabra “familia”. Quise entender qué nombraba originalmente, qué se deformó en su significado y por qué los juzgados de “familia” se comportan exactamente como su contrario: dispositivos de castigo, patologización y disciplinamiento de las madres.

Desde allí, organicé mi estudio autodidacta en múltiples direcciones: historia, etimología, derecho, filosofía, antropología y todo lo que yo pensara que me podría ayudar. No para convertirme en especialista, ni creerme la que viene a decir la última palabra sobre un tema tan complejo como la relación del Estado con las madres.

Quise, sí, desmontar —en la medida de mis capacidades— la arquitectura del poder que opera en los juzgados como parte de algo mucho mayor. Quería construir una genealogía que explicara cómo una institución que dice proteger puede ejercer tanta violencia con tanta legitimidad. Y sin quererlo del todo, terminé convertida en una detective del Estado de derecho.

El segundo momento clave fue más reciente, sin estridencias.
Hace un año y medio, al revisar mis notas, me di cuenta de que todo ese recorrido —años de estudio autodidacta y escucha atenta— podía estructurarse en un ensayo ordenado en bloques. Fue entonces cuando comprendí que esos apuntes  ya no eran un conjunto de ideas dispersas: había un libro allí.

Pero no nos engañemos. Materfiesto no nació con la suavidad de esa recopilación. Nació en la rabia y el desprecio con los que viví los primeros meses de un proceso judicial que cambió mi vida y la de mis hijas para siempre.

Gané el proceso, sí. En 2022, un juez me dio la razón en todo. Pero el daño ya estaba hecho. Y mi estudio,  a pesar de ello continuó hasta mediados del 2023.

Materfiesto no es un testimonio ni una confesión autobiográfica. Es mi lectura estructural del poder: una crítica a la pseudociencia que se ha incrustado en los tribunales, a la autoridad sin sustento de “papá Estado”, a los discursos que patologizan a las madres, y a la cultura jurídica y legal que legitima esa violencia.

Este libro, a diferencia de mis otros seis, no es un poemario, no está hecho de relatos, prosa poética o poemas que se pueden cantar. Es el resultado de un estudio que empezó con un desencanto intelectual radical ante la crueldad institucional, y con el impulso feroz de entender qué historia, qué ideas y qué intereses sostienen ese desastre. 

Materfiesto no es una confesión, ni una denuncia, ni una anécdota judicial. Es un libro que piensa el poder desde un lugar incómodo: el de las madres que se enfrentan a instituciones que dicen proteger pero castigan. No es fácil de encasillar. No es cómodo de leer. No fue escrito para gustar, sino para incomodar, para poner palabras donde a las madres nos imponen silencio y obediencia.

Isabel Salas 

Madame Bedeau de l'Écochère


 


lunes, 10 de noviembre de 2025

DEROGAÇÃO DA LAP ...É POSSIVEL?

Em breve, o Brasil decidirá se revoga a Lei de Alienação Parental (Lei nº 12.318/2010).

Diante desse debate, quero compartilhar publicamente —com documentos, datas e trechos literais dos autos— como essa lei foi aplicada no meu próprio caso.
Não vou interpretar: vou apenas mostrar o que está nos processos.

Sou cidadã espanhola e escritora. Vivi mais de vinte anos no Brasil. País ao qual amava e ainda amo.

Em 2016 fui acusada de “alienação parental” pelo pai da minha filha mais nova. Isto aconteceu depois que ela me contou situações que não a deixavam confortável. Eu disse ao meu esposo que acreditava nela porque tinha convivido com ele durante anos e sabia quão violento e asustador podia chegar a ser, especialmente quando estava em estado de embriaguez.

A atitude dele diante dessa realidade, ao invés de procurar ajuda profissional, como eu pedi,  foi iniciar um processo de alienação parental contra mim, tentando conseguir a guarda unilateral de nossa filha.

A seguir, apresento um resumo factual das irregularidades ocorridas no meu processo —todas verificáveis nos autos.

 

 1. O PROCESSO NÃO ESTAVA NO MEU NOME

Quando a ação foi iniciada, em Promissão S.P. (2016), o advogado do autor colocou o nome da minha mãe no meu lugar.
Isso gerou duas consequências graves e documentadas:

a) Eu não pude entrar na audiência de conciliação

Compareci à audiência, mas não me deixaram entrar porque “eu não era parte” — mesmo sendo a mãe da criança.

b) Eu não pude contratar um letrado em meu próprio nome:

Como o processo constava erroneamente no nome da minha mãe, fui impedida de constituir advogado.
Quem teve que contratar a advogada foi minha mãe, antes de regressar à Espanha, onde ela reside.
Ou seja: uma ação sobre a minha vida e a da minha filha correu, durante anos, com outra pessoa como polo passivo, por um erro inicial que nunca foi corrigido até muito mais tarde.

E mesmo assim, o processo seguiu normalmente, com decisões sendo tomadas  sobre mim e sobre a minha filha.




Além disso, no documento podemos ver que há uma incongruência formal nos autos: a ação consta como ‘alienação parental’, mas o assunto principal registrado é ‘investigação de paternidade’. Isso nunca foi corrigido

 

  2. EU APRESENTEI DOCUMENTOS OFICIAIS DA JUSTIÇA ESPANHOLA

Anos antes, na Espanha, antes de nosso relacionamento, o pai da minha filha havia sido condenado por danos cometidos contra um carro-viatura enquanto era conduzido detido.

Na própria defesa dele, consta o reconhecimento de alcoolismo crônico, e a sentença determinou:

  • reparação dos danos ao veículo policial;

  • dois anos de tratamento psiquiátrico obrigatório, levando em conta o alcoolismo alegado.

Com o intuito de provar a forma de atuar dele (especialmente em estado de embriaguez) e tendo os fatos registrados em documentos judiciais, apresentei cópias desses documentos, que não foram levadas em conta.

Apresento aqui vários trechos literais 

 
A sentença firme acima foi proferida na Espanha em 2001, alguns anos antes de eu conhecer o pai da minha filha. Ou seja: quando estes fatos ocorreram —e quando foram julgados— eu não fazia parte da vida dele, nem o conhecia pessoalmente.

Mesmo assim, tratei de apresentar esta sentença nos autos brasileiros anos depois, porque ela descreve comportamentos que coincidiam exatamente com o que minha filha me relatava e eu mesma tinha testemunhado com frequencia.

Trechos literais da sentença:

— O tribunal declara provado que ele padece de dependência etílica crônica e  impõe tratamento psicofarmacológico.
— A sentença registra que, sob efeito do álcool, ele sofreu uma intoxicação que anulava suas faculdades intelectivas e volitivas.
— O documento descreve que, em estado de embriaguez, ele molestava clientes em um restaurante.
— Quando a polícia interveio, ele recusou-se a sair, tentou agredir os agentes e resistiu à detenção.
— Dentro do carro patrulha, continuou desferindo chutes e empurrões, causando danos avaliados em 480,35 euros.
— A medida aplicada foi a submissão obrigatória a tratamento externo por até um ano, devido à “doença de que padece”.

Esses fatos são documentados, firmados por um juiz, anteriores à minha relação com ele e estavam anexados ao processo brasileiro.

 

 3. A PERÍCIA PSICOLÓGICA EM CURITIBA IGNOROU ESSES DOCUMENTOS

Mesmo com a sentença espanhola acima ( e outras) anexadas aos autos, a psicóloga forense concluiu que “não há risco” e que o genitor apresentava “condições adequadas” — trechos que também reproduzo literalmente.

 4. A DECISÃO DO JUIZ FELIPE FORTE COBO (2021)

Em 2021, o juiz proferiu uma decisão profundamente punitiva, em meu comportamento:

  • fixou guarda alternada 15/15, não pelo interesse da criança, mas “para corrigir o comportamento da mãe”;

  • impôs multa diária de R$ 200;

  • desconsiderou documentos estrangeiros, testimonios de varias pessoas e provas anexadas;

  • citou Machado de Assis para me repreender visto que eu escrevo poesia e de alguma forma chegou a ler os escritos do meu blog.

  • tudo isso num processo que ainda estava com o nome errado.

Trechos literais dessa decisão estão abaixo.




1. O juiz abandona o campo jurídico e passa ao moralismo.

“Ser mãe é colocar os interesses da filha…” — isso não é fundamentação jurídica.

2. Ele se dirige diretamente a mim, num tom repressor, como se estivesse advertindo uma aluna.

3. Cita Machado de Assis para justificar uma reprimenda pessoal.

Isso é completamente inadequado em decisão judicial sobre guarda. Mas eu imagino que o faz pelo fato de eu escrever poesia.

4. Em vez de analisar risco, condições parentais ou provas, ele fala de valores, sacrifício e comportamento.

5. Todo esse moralismo é aplicado num processo:

  • com polo passivo errado,

  • onde eu não pôde participar da primeira audiência por ser impedida de entrar.

  • ignorando documentos e provas determinantes,

  • com laudo psicológico falho.

6. É um exemplo claro de judicialização do comportamento materno, não de análise técnica.

7. O tom não é de juiz avaliando autos, mas de tutor moral avaliando uma mulher.

8. A citação literária reforça uma postura paternalista — que não pertence ao direito de família contemporâneo.

 

 5. EU FIQUEI SEM DEFESA 

Após essa decisão, por questões técnicas, a excelente advogada que me representava — e que, na verdade, havia substituído o advogado originalmente contratado por minha mãe, já que o processo constava no nome dela — não pôde permanecer no caso.

A partir desse momento, não apresentei mais nenhuma petição, nenhum documento, nenhuma manifestação.

 

 6. A DECISÃO DO JUIZ LUCAS MARTINS DE TOLEDO (2022)

Quando o processo foi redistribuído, nunca soube o motivo,  novo juiz analisou os mesmos autos —sem que eu tivesse acrescentado uma única linha— e decidiu:

  • julgar improcedente a acusação de alienação parental;

  • reconhecer que o afastamento da adolescente estava relacionado ao alcoolismo e ao ambiente inadequado do genitor;

  • fixar guarda unilateral materna;

  • determinar convivência livre conforme a vontade da adolescente;

  • condenar o autor às custas;

  • e extinguir o processo com resolução do mérito.

Coloco aqui trechos literais dessa sentença:


Nesta fase do processo, o sistema do tribunal chega a registrar minha filha como ré juntamente comigo — uma irregularidade evidente, já que uma adolescente não pode figurar como parte ré em ação dessa natureza.

Mesmo assim o juiz resolve ao meu favor 

 

 7. O QUE TERIA ACONTECIDO SE EU TIVESSE OBEDECIDO À DECISÃO DE 2021?

Se eu tivesse seguido a determinação do juiz de 2021 —a guarda alternada punitiva, ignorando riscos documentados— minha filha teria sido exposta a um ambiente que, tempo depois, a própria Justiça brasileira reconheceu como inadequado.

Para proteger a minha filha, eu precisei:

  • sair do Brasil;

  • pedir refugio humanitario em outros países

  • enfrentar medo, insegurança econômica e desgaste emocional;

  • aguardar, por anos, que a Justiça finalmente analisasse os autos com seriedade.

 

8. POR QUE publico ISSO AGORA

Porque, diante da proxima pauta sobre a revogação da Lei de Alienação Parental, o meu caso mostra —de forma documental— como essa lei pode ser aplicada de maneira injusta, punitiva e desconectada da realidade dos autos.

Ninguém precisa acreditar na minha "versão"
Peço apenas que leiam os documentos oficiais, cujos prints compartilho acima.

Quem desejar verificar os documentos completos, posso disponibilizá-los em privado para jornalistas e pesquisadores sérios.

Estes são fatos documentados.

Estes são trechos literais dos autos.

Esta foi a minha experiência com a Lei de Alienação Parental.

Esperemos que nenhuma mãe mais precise passar por isto. 

 

 

 

 


domingo, 2 de noviembre de 2025

ISABEL PREYSLER, LA BELLA PLUMA

La historia la escriben los hombres. Hasta que una mujer encuentra las cartas ... y las reparte.


Durante décadas, Mario Vargas Llosa se sintió como el narrador absoluto —el que escribía, el que ponía orden en el caos amoroso, el que convertía una bronca conyugal en “material narrativo”. Desde su torre de prestigio intelectual y testosterona de biblioteca, él era quien contaba el amor, el desamor y el ego. Y por supuesto lo hacía muy bien. No cabe duda. Le dieron hasta un nobel. No necesitamos más pruebas. Como a Obama.

Supo dejar a su mujer de toda la vida, mariposear, echarse una novia, quedarse ocho años con ella y volver después con su ex sin perder la compostura ni parecer un viejo verde. Todo perfecto.

La bellísima Isabel Preysler, por su lado, a partir de su boda con Julio Iglesias, fue sistemáticamente convertida, por la maquinaria de la prensa rosa, en decoración narrativa: una musa rodeada de infidelidades, de hijos, de bombones caros o de azulejos. Una postal de lujo, la genuina mujer florero que sale en las revistas, no en las novelas. Siempre impecable, elegante, enigmática. Despertando simpatías y envidias por igual, pero sin punto de comparación con Ana Karenina.

Pero ¡oh, tragedia clásica!, ahora ella toma la pluma, la batuta o como lo quieras llamar y publica un best seller. Tal vez no haya sido ella sino su equipo editorial, pero tú entiendes. Isabel publica. Isabel enmarca. Ella deja de ser la foto de la exclusiva y edita. Publica y firma. Decide qué mostrar y, más importante aún, qué no, de sus experiencias vitales y sus amores. Aquí no hay fotos tomadas al descuido ni cuidadosamente posadas. Y así, como quien no quiere la cosa, le da la vuelta al tablero simbólico: Ella tiene el relato y Mario, junto a otros hombres importantes para Isabel,  es un personaje más.

Para muchos hombres, especialmente los que aún creen que el patriarcado es (también) una especie de club literario con entrada exclusiva, esto es insoportable. Que una mujer, encima famosa por sus portadas y no por sus posgrados, narre con autoridad algunos detalles íntimos de su relación con un Premio Nobel, los deja en estado de bloqueo existencial. Están que trinan, como diría mi abuela. Y desde estas altas cumbres...yo los contemplo y me divierto.

Lo que Preysler hace, en realidad, es muy gracioso y muy potente: toma el mismo instrumento con el que Vargas Llosa construyó su mito —la palabra escrita— y lo utiliza para bajarlo del pedestal. Suave, sin insultos. Pum.

Ella ha publicado varias cartas de él a ella y una sola de ella a él. Pero la de ella es la estrella del espectáculo. Las de él no tienen nada de especial. Son las de cualquier hombre enamorado anticipando caricias con su mijita de picardía, como no, pero sin nada literario o que sugiera que las escribió un gran escritor.

Sin embargo la de ella es harina de otro costal ¿Y qué es esa carta, tan comentada, tan analizada, tan leída con una copa de vino en la mano por media España? Una despedida. Un “hasta aquí”. 

Un resumen elegante de una relación difícil, escrita sin barroquismo pero con precisión quirúrgica.

Y es precisamente eso lo que duele.

No porque revele una escena de gritos o celos tropicales. Sino porque desarma la figura del escritor legendario, ese que uno imagina siempre en control de sus emociones, de su entorno y, sobre todo, de su narrativa.

De pronto, ese escritor aparece como lo que también fue: un hombre como todos, a ratos difícil, a ratos grosero, y emocionalmente torpe. Y lo dice una mujer sabia y con mundo. Se lo dice a él en su momento y ahora lo comparte con todos.

Y lo publica. Y se gana las sonrisas y los plausos de miles de mujeres que se sienten representadas en esa manera exquisita de poner un punto final a una relación tóxica. Y también, por supuesto, genera rabia en otros y otras, o decepción, o disgusto, pero no creo que sea por el contenido sino por el gesto.

Porque al hacerlo, Preysler no ataca solo a Vargas Llosa, sino al arquetipo de hombre ilustre que otros muchos aún veneran. Esa rabia no es defensa de la intimidad ajena, es defensa del ego propio. Son los varones unidos en el dolor y el berrinche. Afines. Hermanados.

Si Vargas Llosa hubiese publicado sus cartas a Isabel —con ese tono melancólico que usa cuando escribe sobre Europa o sobre sí mismo en tercera persona—, medio mundo habría aplaudido. Pero como las cartas las publica ella, y encima no son suyas sino de él, entramos en zona de alarma cultural. De repente, Isabel es frívola, vengativa, interesada, desleal. Todo eso por hacer exactamente lo mismo que hacen ellos cuando sienten la musa herida: publicar.

Si esta historia fuera una novela, la crítica ya estaría elogiando “la inversión posmoderna del sujeto narrativo tradicional”. Pero como es una mujer de piel brillante y sonrisa de evento benéfico, entonces no vale. O eso dicen.

Y ahora pasamos al rincón legal, donde todo el mundo grita y nadie sabe muy bien qué dice la ley. Ni yo, pero para eso tenemos internet.

Primero: las cartas personales no son automáticamente “obras literarias”. La Ley de Propiedad Intelectual parece que protege lo que tenga originalidad, creatividad y estructura de obra literaria. No basta con que lo haya escrito un Nobel ni con que lleve la frase “te extraño, mi reina” escrita con pluma de fuente.

Decir “Esta noche llegaré, te susurraré al oído mientras te beso” no convierte a nadie en Cervantes. Es una promesa sensual, no una obra. Mi novio del BUP me escribía cosas parecidas. Dios lo bendiga donde quiera que esté.

Segundo: el soporte físico (o digital) de una carta pertenece a quien la recibe. No al autor. Es como una corbata horrible que alguien te regala: no puedes devolverla, pero puedes quemarla, venderla, enseñársela a tu grupo de amigas en la terraza o mandar la foto al grupo de WhatsApp de la familia para reirse un rato.

Tercero: los derechos morales tan invocados por los ofendidos —como la intimidad o el honor— no sobreviven mágicamente al autor como si fueran fantasmas legales. Si el contenido no es difamatorio ni ofensivo, no hay nada que reclamar. Y aquí no hay nada ofensivo, al contrario. El amor puede hacernos (a todos) escribir tonterías o prometer audacias amatorias, pero eso es parte de la alegría de vivir y es bonito.

Entonces, ¿qué buscarían los herederos según dicen los portavoces voluntarios sin fronteras? Un poco de control simbólico. Un poco de “por favor no nos cambien la estatua del abuelo por un meme con frases pasivo-agresivas”. Pero jurídicamente, tienen poco que hacer (me parece a mí).

Ni siquiera me consta que los herederos estén enfadados, puede ser un chisme. Tal vez les haga gracia, o puede que descubran que la ley no los ampara, solo los incomoda. De hecho la ley en general ampara poco y jode mucho.

Isabel Preysler, por tanto, no parece haber cometido ningún delito. Ha publicado algo que le pertenece, que no es una obra protegida y que no afecta la intimidad de terceros. La polémica no es legal, en realidad es simbólica. Es cultural y (como no) patriarcal.

Y por eso a algunos les arde.

Ella, tan mujer del Cesar,  resultó ser una pillina y nos ha alegrado el fin de año contándonos sus cosas.

Siempre me cayó muy bien y admiré su saber estar y su belleza. Ahora me cae mejor. Además, como cualquier señora mayor se puede permitir el lujo de hacer lo que le da la gana con sus confidencias y, para muchos de nosotros, lo hace muy bien.😂😂😂

 

Madame Bedeau de l'Écochère

 

 

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