El cuerpo enferma mientras el expediente psiquiatriza
El sistema no escucha lo que le pasa al cuerpo de las madres durante un proceso judicial donde existe la posibilidad de que le quiten a sus hijos, pero lo traduce a su manera.
La madre enfrenta bruxismo, pérdida de muelas, diarreas, insomnio, hipertensión y agotamiento nervioso —signos clásicos de estrés crónico y duelo forzado— el expediente escribe trastornos. El cuerpo habla, el juzgado ignora. No se pregunta qué daño puede producir la separación, sino qué defectos tiene la madre. De hecho, después del arrancamiento de un hijo nadie desde el juzgado se pregunta como están de salud la madre o el hijo.
Así, la violencia institucional no se reconoce como causa. Y en esa operación, el vínculo se pierde dos veces: primero en la vida, después en el lenguaje.
Cuando una madre pierde, o lucha por no perder, a sus hijos —sea por vía forzada, judicial o institucional— su cuerpo no “exagera”: reacciona. El cuerpo grita amenaza sostenida; el juzgado responde con diagnóstico.
Este post no necesita muchas explicaciones, basta ver la lista de que reproduzco a continuación y sacar las propias conclusiones
1. Patologías reales, documentadas y silenciadasEstas no son "personalidades problemáticas". Son respuestas fisiológicas y psicosomáticas ante una amenaza prolongada, una pérdida no resuelta y una institucionalidad que castiga el apego.
Sistema nervioso y somatización
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Insomnio severo o fragmentado
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Crisis de ansiedad con síntomas físicos
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Hipervigilancia permanente
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Fatiga extrema / agotamiento nervioso
Salud bucodental
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Bruxismo (diurno/nocturno)
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Pérdida o fractura de piezas dentales
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Retracción de encías
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Dolor mandibular crónico (ATM)
Sistema digestivo
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Diarreas persistentes
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Colon irritable
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Náuseas crónicas
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Gastritis y úlceras
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Pérdidas o aumentos bruscos de peso
Sistema inmunológico
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Infecciones recurrentes
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Caída del cabello
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Brotes de herpes
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Agravamiento de enfermedades autoinmunes
Sistema cardiovascular
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Hipertensión reactiva
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Taquicardias
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Dolor torácico funcional
Sistema endocrino y hormonal
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Amenorrea / alteraciones del ciclo
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Desregulación tiroidea
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Síntomas menopáusicos tempranos o intensificados
Dolor físico generalizado
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Migrañas
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Contracturas crónicas
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Fibromialgia o cuadros similares
Es el cuerpo reaccionando a una amenaza que no cesa. Aunque algunos de estos problemas aparecen durante una convivencia violenta, empeoran cuando se inicia el proceso judicial y aparecen otros. Muchos otros.
Cuando el dolor y el miedo resisten y no se callan, el sistema responde con etiquetas. No se diagnostica el daño, se invalida al sujeto. No se reconoce la violencia institucional, se convierte en patología individual. En definitiva no parecen entender la reacción de una hembra al tratar de quitarle a su cría. Al final, para ellos, cualquiera puede ser madre.
Etiquetas frecuentes (y funcionales):
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Trastorno límite de la personalidad
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Rasgos paranoides
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Trastorno narcisista
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Trastorno histriónico
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Psicosis encubierta
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Depresión “patológica”
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Ansiedad “desadaptativa”
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Trastorno oposicionista
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Trastorno de la personalidad no especificado
Constructos que no necesitan pruebas:
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“Obsesión con el hijo”
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“Dependencia emocional”
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“Fijación patológica”
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“Dificultad para cooperar”
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“Rigidez cognitiva”
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“Victimismo”
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“Alienación” (cuando conviene)
Estas categorías no requieren pruebas objetivas.
Se activan cuando la madre no acepta perder el vínculo.
Cada reacción humana se convierte en un defecto psiquiátrico. El cuerpo habla del daño. El expediente borra la causa. Lo primero es consecuencia. Lo segundo, herramienta.
Madame Bedeau de l'Écochère

