La maternidad no se negocia ni se industrializa.
Una de
las últimas tendencias mundiales desde los gobiernos y desde las
corporaciones empresariales que gobiernan a nuestros gobiernos, es
tratar de volvernos locos con la neolengua y todo el cúmulo de
disparates derivados de semejante práctica.
Ya no basta que tratemos de deshacer el
nudo que se nos forma en cada neurona cuando nos intentan convencer de
que lo amarillo es verde o que lo rojo (si se siente verde), también lo
es. Tampoco es suficiente con los despropósitos que defienden nuestros
políticos y los nuevos gurús "sabelotodo", al acatar los dictados de sus dueños, que son los que pagan y por tanto quienes mandan. No, todo eso resultó poco y ahora
también tenemos las neoleyes, cuya función es decretar la realidad y no
gestionarla ni facilitarnos algún tipo de ordenamiento que permita (al
menos presuntamente) vivir o convivir en relativa armonía.
En estos días, y para completar el bello
cuadro surrealista que están pintando con nuestra sangre, sudor y
lágrimas, en plena nueva anormalidad, del mismo basural donde brotaron
los neoadjetivos, los neosustantivos, las neofobias y todos los otros
desatinos coronados y plebeyos, si Dios no lo remedia, pronto nacerá
también la neoleche materna.
Como si nuestras preciosas tetas de
hembras humanas no fueran lo bastante maravillosas para producir la
leche que nuestros hijos necesitan, nacerá próximamente otra nueva leche
artificial, a la que llamarán nueva leche materna. Nos la
intentarán vender como una alternativa más ecológica que las otras
leches artificiales y tan materna como la nuestra porque en vez de
hacerse a partir de leches animales, se fabricará usando células de
nuestras propias glándulas mamarias.
Por lo visto, Michelle Egger, una ex
empleada de Bill Gates muy bien recolocada a día de hoy en otra
empresa, ha contado los pedos de las vacas que producen la leche con la
que se fabrican las leches artificiales actuales y el agua que esas
vacas bebieron y se ha agobiado tanto con el resultado que ha tenido la
increíble idea de fabricar otra leche que le haga la competencia a las
actuales, mucho menos pedorra que las otras leches de marca. Algo nunca
antes considerado por los gestores de las empresas del planeta.
Los pedos de vaca, por si no lo sabías
no se cuentan por unidad, sino por la cantidad de CO2 que producen, y a
la buena de Michelle le ha salido que para alimentar a un niño con leche
artificial durante un año se producen 5.700 toneladas métricas de CO2 y
se consumen 4.400 galones de agua dulce. ¡Imagínate!
¡Hay que ver lo que bebe una vaca! Ya me
di cuenta hace mucho tiempo de una cosa, estas cuentas tan raras que
hace esa gente tan gananciosa nada tienen que ver con una inocente
pasión por las matemáticas. Al igual que otras armas, esas cuentas, las
carga el diablo.
También me di cuenta de otras cosas y
una de ellas es que quien controla la natalidad controla el mundo y que
controlar la natalidad, pasa por controlar la maternidad. Esto último
requiere (bajo el prisma de los monstruos que nos gobiernan) controlar a
las mujeres, ya que somos las que parimos. Para tal fin, no miden ni
nunca midieron esfuerzos y todo les parece poco, desde
obligar a las niñas a casarse, cortarles el clítoris, prohibir el
divorcio bajo preceptos religiosos o penalizar el aborto incluso cuando
la gestante es una niña de nueve años embarazada de su padre o de otro
violador.
No está en los planes de ningún gobierno
(y nunca lo estuvo) cuidar a las mujeres, proporcionarles una excelente
educación o garantizarles una vida sin sobresaltos ni violencias para
que cuando decidan conscientemente ser madres (caso lo deseen), sean
además excelentes personas, responsables, cultas, comprometidas y
felices. Es decir, buenas y sanas personas preparadas para ser
excelentes madres.
Es cierto que optar por esa vía
requeriría de políticas destinadas a mejorar la sociedad y no a
controlarla, como hoy. Se incentivaría, como debe ser, que sólo nacieran
los niños que sus madres deseen tener, como también debe ser. El tema
de la natalidad estaría entonces, y por primera vez en la historia de la
humanidad, controlado por ellas, por nosotras, las hembras humanas, y
esto es algo que de ninguna forma conseguiremos las mujeres que la
sociedad acepte, sin pagar un altísimo precio. Deberemos conquistar ese
derecho como se conquistan todos los derechos, luchando por él.
Una sociedad feliz formada por la suma
de individuos felices que desde que abren los ojos al mundo sólo reciben
cariño, besos y excelente alimentación, educación y sanidad, sería lo
deseable para todos, hombres y mujeres, porque no olvidemos un detalle,
las mujeres parimos machos y hembras indistintamente y todos y todas nos
veríamos beneficiados.
De momento estamos en una sociedad donde se prefiere invertir en arrancar los úteros a las jóvenes en India y en usar las glándulas de nuestras tetas extirpadas para producir leche a la que llamarán maternal, olvidándose muy convenientemente esos desalmados que lo que hace maternal una leche no es que provenga de una glándula nuestra o de una vaca, lo que la hace maternal es que la producimos las madres para nuestros bebés.
De momento estamos en una sociedad donde se prefiere invertir en arrancar los úteros a las jóvenes en India y en usar las glándulas de nuestras tetas extirpadas para producir leche a la que llamarán maternal, olvidándose muy convenientemente esos desalmados que lo que hace maternal una leche no es que provenga de una glándula nuestra o de una vaca, lo que la hace maternal es que la producimos las madres para nuestros bebés.
Es muy lamentable que algunas mujeres,
por alguna enfermedad o algún motivo nefasto no consigan amamantar a sus
hijos, es lógico que para ellas deban existir alternativas artificiales
o bancos de leche materna, que serían la mejor solución, así como
existen los bancos de sangre, pero lo deseable, lo humano, lo natural,
lo correcto, lo más sano y lo que hace más felices a la madre y al bebé,
que será un día adulto, hombre o mujer, es la lactancia materna
realizada en paz.
Yo también me puse a contar, pero en vez
de contar pedos de vaca me puse a contar los meses que pasé
amamantando, y me salieron cuatro años entre mis dos hijas. Las dos
mamaron hasta que lo desearon y me hace muy feliz recordar esos
momentos. Sé que no todas las madres pueden dedicar tanto tiempo a ese
menester, muchas necesitan reincorporarse al trabajo al tercer o cuarto
mes y sacarse leche con los ordeñadores es muy doloroso.
Sé que fui y soy una mujer afortunada
que pudo y puede disfrutar de la maternidad en todas sus facetas, y por
eso, porque sé como es importante que exista ese primer vínculo entre
madre e hijo es que deseo que todas las madres y sus hijos puedan
tenerlo. Ese vínculo que nace durante los primeros meses de la
gestación, que se fortalece con la crianza en apego y que es imposible
de romper. Quebrarlo, o tratar de hacerlo, como intentan hoy tantas
leyes, es una forma de agresión comparable a la peor tortura.
Espero que un día cambie esa mentalidad
que guía a los que mandan y acepten que la única manera de tener
ciudadanos y ciudadanas responsables y comprometidos con nuestra
sociedad, es teniendo niños felices, bien alimentados y amados y que eso
pasa necesariamente por tener mujeres dichosas en todos los sentidos,
con buena salud y protegidas de cualquier tipo de violencia.
El vínculo, el apego que cualquier
hembra mamífera siente por sus hijos, es lo más cercano a algo sagrado
que conozco. La mirada de un bebé mientras sonríe con la teta en la boca
es el tipo de experiencia inolvidable que marca a cualquier mujer para
el resto de su vida. Cuando tantas voces se levantan en pro de los hijos
"socializados", propiedad de los estados y gestionados como si fueran
un negocio, la mía se levanta pidiendo sentido común y
políticas humanizadas que permitan a nuestros niños mamar, crecer y ser
protegidos por mujeres felices de ser sus madres, solas o en pareja.
Y que la protección se limite a las
consecuencias de una caída, a un refriado, a una indigestión o a una
lluvia fuerte, no como hoy, cuando la maternidad se ha convertido en
deporte de riesgo.
Isabel Salas
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.