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lunes, 20 de octubre de 2025

RESETEO: BORRÓN Y CUENTA NUEVA

 Reseteos: siempre a peor.


En el mundo de las teorías conspiranoicas, los "reseteos económicos" se citan con una ligereza casi poética, como si fueran inevitables tormentas estacionales o caprichos del destino. Pero la verdad es que, cuando un verdadero reseteo ocurre, no es un simple cambio de clima. Es un terremoto perfectamente organizado y planificado. Uno de esos que mueven el eje de rotación de nuestras vidas, quiebran el suelo bajo nuestros pies, reconfiguran el mapa, y convierten en escombros todo lo que dábamos por sentado. 

No han ocurrido miles de veces, como aseguran algunos youtubers que lo mismo enarbolan  gráficas alarmistas que nos advierten sobre los reptilianos o nos quieren hacer creer que al muñeco de Biden y otros políticos los manejan los "sombreros blancos" de Guantánamo. Sin embargo sí han ocurrido en pocas ocasiones y, sin lugar a dudas,  bastaron para cambiarlo todo.

Para que sea un reseteo real no basta con una devaluación, ni siquiera con una crisis. Tiene que cambiar el sistema mismo. El dinero deja de ser lo que era. El poder económico global se redistribuye. Las guerras se justifican. Las alianzas se rompen. Y las vidas, millones de vidas, se reacomodan sin haber sido consultadas.

El primero fue cuando el rey Creso, allá por el siglo VI a.C., decidió que el oro y la plata podían ser estandarizados. No fue un capricho de rico, aunque lo era. Fue una jugada maestra: una moneda con peso y pureza definidas por el Estado.

Con él nació el concepto moderno de dinero. Ya no era necesario conocer al otro para confiar en su forma, compromiso o promesa de pago. El Estado garantizaba una uniformidad controlada por él. Se acabó el trueque. Se abrió la puerta al comercio internacional, al ahorro, al crédito. Y con eso, al imperio.

El siguiente gran reset llegó con la caída de Roma. Cuando el denario se degradó hasta ser poco más que una chapita sin valor, el sistema colapsó. No fue solo la moneda: se desmoronó toda una red financiera, fiscal y comercial que había sostenido siglos de civilización. Muchos volvieron al trueque, a la tierra como fuente de riqueza, a una economía de subsistencia. Europa tardó siglos en volver a levantar una red monetaria funcional. Este fue un reset total: no solo económico, sino en cierto modo, civilizatorio. 

Lo que ocurrió fue un desplome total de la confianza en la moneda como vehículo de valor, no una desaparición física absoluta de las monedas. O sea, sí existían monedas, pero en la práctica dejaron de servir para lo que se supone que deben servir: facilitar el comercio y preservar valor. Las monedas que había estaban degradadas, mezcladas, devaluadas, y ya no eran aceptadas universalmente.

El denario había perdido casi todo su contenido de plata desde el siglo III d.C. Lo que antes era una moneda sólida, valiosa y aceptada en todo el Imperio ...terminó siendo una chapita de cobre con un baño de plata. Bajo el emperador Caracalla, el que con su edicto nos hizo romanos a todos para que todos pagáramos impuestos, (s. III), el denario tenía ya solo un 50% de plata y para el tiempo de Aureliano (270 d.C.), era poco más que una moneda de cobre disfrazada.

Pero lo grave no fue solo la moneda, sino el colapso del sistema que le daba sentido: Red comercial rota: sin seguridad en caminos, ni rutas marítimas estables, no había comercio a larga distanciaRed fiscal colapsada: el sistema tributario romano, que funcionaba como una máquina bien aceitada, Red monetaria fragmentada: cada territorio empezó a acuñar sus propias monedas, o simplemente dejó de hacerlo. Confianza erosionada: si tú vendes grano y te pagan con una moneda hueca... no aceptas más monedas. Por eso se volvió al trueque.

En 1870, el mundo entró en un nuevo paradigma: el patrón oro clásico. Las monedas de los países más poderosos se ataron al oro. Y con eso, por primera vez, el sistema monetario fue verdaderamente internacional. Los capitales circularon con fluidez. Las crisis también. Fue un sistema elegante, pero frágil. La Primera Guerra Mundial lo reventó. Y de paso, reventó al mundo que no se reorganizó economicamente hasta casi el final de la Segunda Guerra Mundial.

Tras el caos, llegó Bretton Woods. Era 1944, y mientras Europa se desangraba, EE.UU. comandado por nuevos y astutos ingenieros sociales diseñaba el nuevo orden. El dólar se convirtió en la moneda de reserva global, respaldado por oro. Nació el FMI, el Banco Mundial, y un sistema pensado para durar pero que en realidad duró poco. En 1971, Nixon rompió la convertibilidad. Se acabó el oro. El mundo entró en la era del dinero fiduciario puro: papel garantizado por la confianza en los gobiernos. Por la fe, más que por la economía.

Ese fue el último gran reset. Desde entonces, el dinero ya no es oro, ni plata, ni promesa tangible. Es deuda. Es confianza. Es narrativa. Y eso ha tenido consecuencias. Explosión del crédito. Endeudamiento sin límites. Burbuja tras burbuja. Crisis tras crisis. 1987. 1998. 2008. Cada vez más grandes. Cada vez más globales.

Y ahora, muchos se preguntan si viene el siguiente. Porque hay señales. Demasiadas. Deuda global insostenible. Desconfianza creciente en el dólar. Tensiones entre bloques: EE.UU., China, BRICS, Rusia. Monedas digitales de bancos centrales. Unos defienden  que lo mejor es la vuelta al oro, otros buscan refugio en bitcoin, o en los commodities y los proponen como referencia. 

El nuevo resteo aún no ha pasado. Pero podría estar en camino. Y si llega, no será con fanfarrias ni comunicados. Será como todos los anteriores: de golpe, con sangre, y con consecuencias que cambiarán el mundo para los próximos cien años.

Cuando ocurra, si ocurre, el dinero volverá a ser otra cosa. Otra promesa. Otra forma de poder. Y una vez más, la mayoría ni se enterará de que ha sido testigo de un nuevo reset. Hasta que ya sea demasiado tarde para entenderlo, pero recuerda, en términos humanos y sociales, cada reseteo ha sido un empobrecimiento generalizado, una pérdida de soberanía, y una centralización mayor del poder. Los ganadores son siempre pocos, y bien posicionados. Los demás, reconstruyen como pueden lo que les han roto. 

Creso trajo el orden monetario… y también el monopolio del valor. Roma cayó… y con ella la civilización urbana y la movilidad social. El patrón oro disciplinó el sistema… pero excluyó a los débiles y abrió una brecha que nunca se cerró. Bretton Woods prometió estabilidad…a cambio de someter al planeta al dólar. Nixon nos dio dinero sin respaldo…y una deuda sin fin.

Cada reseteo destruyó lo anterior y creó un sistema más cerrado y peor que el anterior. Al menos para "nosotros" para los otros no. 

 

Madame Bedeau de l'Écochère 

ISABEL PREYSLER, LA BELLA PLUMA

La historia la escriben los hombres. Hasta que una mujer encuentra las cartas ... y las reparte. Durante décadas, Mario Vargas Llosa se sint...