miércoles, 24 de diciembre de 2025

ERRADICACION DE LA VIOLENCIA CONTRA LAA MUJERES


 


En MATERFIESTO no estoy promo viendo que nazcan más niños ni estoy diciendo que nazcan menos.”

Estoy diciendo algo mucho más simple y mucho más peligroso: que solo nazcan los hijos que sus madres desean tener.

La libertad reproductiva que imagino exige erradicar la violencia contra las mujeres
Para que solo nazcan los hijos que las mujeres desean tener, no basta con reconocer formalmente su derecho a decidir. Es necesario erradicar todas las formas de violencia que pueden producir un embarazo, imponer su continuación o impedir que la madre permanezca junto a su hijo.
La violencia reproductiva comienza mucho antes del parto. Está presente cuando una niña es entregada en "pretendido matrimonio" a un adulto; cuando una mujer es violada por su pareja o por un desconocido; cuando se sabotean sus anticonceptivos; cuando se la embaraza para retenerla; cuando una familia o congregación la obliga a continuar una gestación por cuestiones religiosas, cuando se la presiona para abortar; cuando la pobreza la fuerza a entregar al hijo que deseaba criar o algún organismo la declara incapaz de maternar por su situación de pobreza. 

Recordemos que el matrimonio no convierte el abuso en consentimiento. Cuando una niña es obligada a convivir sexualmente con un adulto, no estamos ante una costumbre matrimonial distinta, sino ante una forma continuada de violencia sexual y reproductiva legitimada por una estructura familiar, religiosa o jurídica. La ceremonia no altera la naturaleza del acto. Solo proporciona protección social al agresor.
Una niña sometida a relaciones sexuales hasta quedar embarazada no ha elegido la maternidad. Tampoco la elige cuando, después de sobrevivir a un primer embarazo y parto, permanece expuesta a nuevas gestaciones porque carece de medios para negarse, escapar o protegerse.
Por eso, afirmar que cada mujer debe decidir cuándo, cómo o con quién tener hijos exige algo mucho más profundo que una declaración de derechos. Exige que ninguna niña pueda ser entregada en matrimonio; que ninguna relación de pareja otorgue acceso sexual presumido al cuerpo femenino; que la coerción reproductiva sea reconocida como violencia; y que toda mujer disponga de seguridad material para rechazar una relación, abandonar una casa o continuar una maternidad deseada.
La protección necesaria no consiste en vigilar más a las mujeres. Consiste en impedir que familias, parejas, agresores, religiones, mercados o Estados puedan apropiarse de su capacidad reproductiva.

Debe protegerse especialmente
el derecho de la niña a llegar a la adultez sin ser entregada sexualmente a nadie.
Debe garantizarse la libertad de toda mujer a decidir si mantiene relaciones sexuales; la posibilidad de evitar o continuar un embarazo sin coacción y por supuesto se debe garantizar a cada madre la  posibilidad de criar al hijo o hijos que desea tener.
Las madres que deseen abandonar cualquier relación deben saber que no serán penalizadas  perdiendo por ello a sus hijos.

La libertad reproductiva no existe allí donde una mujer puede pronunciar un “sí” o un “no”, pero sabe que desobedecer significará violencia, hambre, expulsión, prisión o separación de sus hijos.

Para que únicamente nazcan hijos deseados, las mujeres no necesitan una protección paternalista que decida por ellas. Necesitan una protección radical de su voluntad frente a todos aquellos que pretenden sustituirla.

Solo habrá maternidad verdaderamente deseada cuando ninguna mujer pueda ser forzada sexual, económica, familiar, religiosa o jurídicamente a producir un hijo.

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