viernes, 17 de julio de 2026

TENER UN HIJO NO ES UN DERECHO


 

El deseo de tener un hijo no crea el derecho a que otra persona tenga que gestarlo, pararlo y entregárselo.

Una persona puede desear intensamente ser madre o padre y sufrir mucho por no conseguirlo. Ese sufrimiento merece respeto, apoyo y alternativas. Lo que no puede hacer es convertir a una madre en el medio obligatorio para satisfacer ese deseo.

La infertilidad, la transexualidad o la homosexualidad no son culpas ni defectos morales, por supuesto Pero tampoco generan una deuda reproductiva en las mujeres. La igualdad no consiste en garantizar que todas las personas obtengan exactamente aquello que desean, sin importar qué medios debe utilizar para conseguirlo. Consiste en que nadie sea discriminado y en que existan formas legítimas de construir vínculos familiares sin imponer gestaciones, entregas o separaciones.

Eso obliga a decir algo incómodo: no existe un derecho absoluto a tener hijos. Existe el derecho a intentar concebir dentro de relaciones consentidas, a acceder a determinados tratamientos sin discriminación, a cuidar, a adoptar cuando se cumplan condiciones orientadas al bienestar del niño y a formar familias diversas. Pero no existe el derecho a recibir un niño porque se lo desea.

El hijo tampoco es una prestación compensatoria frente a la infertilidad, la soledad o la exclusión histórica. Es una persona, no el departamento de reparaciones emocionales de la especie.

En mi planteamiento, la regla sería:

Nadie debe ser excluido de la posibilidad de cuidar y formar una familia por ser estéril, homosexual o no tener pareja. Pero ninguna igualdad puede construirse obligando a una mujer a gestar o  separarando a un hijo de su madre para satisfacer el proyecto parental de terceros.

Eso no elimina todas las alternativas. Podrían existir adopciones cuando un niño realmente no pueda permanecer con su madre o esta haya muerto, acogimientos, familias extensas, coparentalidades libremente acordadas y formas comunitarias de crianza. Lo importante es invertir el orden habitual, y para eso primero se protege el vínculo ya existente y la necesidad del niño; después se considera el deseo de los adultos.

Mi propuesta, por tanto, no promete hijos para todo el mundo. Promete que ningún hijo será producido o transferido para cumplir esa promesa. Es una posición dura, porque reconoce que hay deseos legítimos que quizá no puedan realizarse sin vulnerar a otra persona.

La civilización suele preferir llamar “derecho” a todo deseo suficientemente doloroso. El problema es que, cuando ese supuesto derecho necesita de otras personas y sus  hijos apara satisfacerse, alguien termina pagando la factura.

viernes, 10 de julio de 2026

GESTIÓN DE TIERRAS Y VIENTRES


 

El mundo entero depende de algo que no quiere reconocer: que las mujeres queramos gestar, parir y recibir a nuestros hijos.

Las mujeres fértiles garantizan que exista la siguiente generación.

Las tierras fértiles garantizan que esa generación coma..

No hay Estado, mercado, religión ni tecnología que pueda reemplazar eso sin violencia.

Las mujeres y las tierras fértiles han sido convertidas en recursos gestionables porque de ambas depende la continuidad material de cualquier sociedad humana.

La tierra garantiza alimento.
El cuerpo femenino garantiza nacimiento.

Por eso ambas han sido cercadas, medidas, repartidas, heredadas, explotadas, reguladas y puestas bajo autoridad ajena. Primero con la religión y la familia; después con el derecho, el Estado, la medicina, el mercado y la tecnología. Cambian los administradores, pero el gesto es el mismo, todos buscan controlar aquello de lo que depende el futuro.


Las mujeres fértiles y las tierras fértiles han sido y siguen siendo los dos grandes objetivos históricos de gestión.

Por eso ambas han sido ocupadas, reguladas y puestas al servicio de proyectos ajenos.

Quien controla la tierra controla el alimento.

Quien controla la reproducción controla el porvenir.

Quien controla la natalidad controla el mundo 

No se gobiernan solamente territorios. También se gobiernan vientres.

De esto hablo en Materfiesto,  no hago una comparación decorativa entre mujer y naturaleza, sino una analogía de poder. No digo que la mujer sea tierra; digo que el poder ha tratado y trata  a ambas como superficies productivas disponibles.

Esa distinción es crucial, porque evita la vieja trampa poética de llamar “madre” a todo mientras se ignora a las madres reales. La humanidad, siempre tan sofisticada, adora venerar metáforas y gestionar personas.


domingo, 5 de julio de 2026

VÍNCULO SINGULAR


La gestación crea un vínculo singular que merece una presunción extraordinaria de continuidad y protección. Ninguna institución ni tercero puede planificar su ruptura para satisfacer deseos ajenos. La madre debe recibir apoyo para criar sin depender de pareja, mercado o tutela política. Pero esa autoridad no convierte al hijo en propiedad, no obliga a la mujer a criar contra su voluntad y no impide una intervención excepcional ante daño grave y probado.

jueves, 2 de julio de 2026

SIN GESTORES DE LA MATERNIDAD


 

Si solo nacieran los hijos que las mujeres desean tener, se acabarían muchas cosas: los matrimonios infantiles, los embarazos impuestos, la presión para parir, la presión para abortar, la subrogación de vientres y las políticas demográficas sobre nuestros cuerpos.”

“Eso sí sería una revolución.”

 

La revolución no estaría solo en permitir una decisión, sino en retirarles a todas las instituciones el supuesto derecho a decidir sobre la reproducción femenina.

La frase contiene algo muy potente: no habla únicamente de acabar con la maternidad forzada. También incluye la presión para abortar, la explotación económica y los planes demográficos que tratan a las mujeres como una variable de población. Es decir, no cambia una orden por otra. Cambia el principio entero.

La idea central sería:

Ninguna mujer debe ser obligada a gestar.
Ninguna mujer debe ser obligada a interrumpir una gestación.
Ninguna mujer debe gestar para satisfacer a una familia, un mercado, una religión o un Estado.

Eso sí sería revolucionario porque obligaría a reorganizar muchas cosas que hoy parecen naturales: el matrimonio, la herencia, la familia, el trabajo de cuidados, la natalidad, la adopción, la reproducción asistida y hasta la idea de ciudadanía.

También produciría reacciones muy fuertes. Los gobiernos hablarían de “crisis demográfica”. Las religiones hablarían de “crisis moral”. Algunos sectores económicos hablarían de “libertad contractual”. Y muchas familias hablarían de “tradición”. Distintos nombres para una misma angustia: perder el control sobre decisiones que nunca les correspondieron.

Pero hay una precisión importante. Para que solo nacieran los hijos realmente deseados, no bastaría con eliminar prohibiciones. Una mujer pobre, amenazada, dependiente o sin alternativas puede decir “sí” o “no” bajo condiciones que deforman su voluntad. La autonomía reproductiva necesita también seguridad material, información, salud y posibilidad real de irse.

Por eso la revolución completa no sería simplemente:

Las mujeres pueden elegir.

Sería:

Las mujeres pueden elegir sin castigo, sin hambre, sin violencia y sin obedecer a nadie.

Sin miedo de que les quiten a sus hijos. 

Y ahí sí cambiaría el mundo. Lo cual explica por qué tantos poderes preferirían debatir durante cincuenta años sobre palabras, comas y reglamentos. Es mucho más cómodo discutir semántica que devolver poder.

DESEO DE SER MADRE

  ¿Qué pasaría si solo nacieran los hijos que sus madres desean tener? La maternidad es una función biológica con consecuencias políticas. N...