martes, 1 de septiembre de 2026

¿CON PADRE O SIN PADRE?

 Hablemos de remplazo generacional y otros temitas.



Vamos a conectar hoy dos o tres cuestiones que normalmente se discuten por separado, por un lado la caída de la natalidad, por otro la idealización de la figura paterna y para rematar, lo que vaya saliendo.

Observo a mi alrededor una contradicción, que merece atención. Tenemos una sociedad que insiste en que es necesario el reemplazo generacional con todo lo que ello implica de garantía para las pensiones y demás. Simultáneamente hay grupos que defienden el aborto, otros que los niños necesitan un padre y algunos más desalentando a mujeres que estarían dispuestas a ser madres sin pareja.

¿En qué quedamos?  ¿Es más necesario que haya niños, cuyas madres estén casadas o solteras, o que cada niño esté ligado a un padre? 

Nunca ha  bastado con que una mujer desee tener un hijo para que la sociedad le dé su bendición. Hoy día tampoco. En el fondo todos quieren escuchar campanas de boda antes que el primer llanto de cada bebé. Si una mujer DECIDE ser madre sin estar en pareja  tiene que enfrentarse, automáticamente, a la crítica de que, si lo tiene sola, por propia elección, estará privándolo de algo esencial. Dirán que su hogar estará incompleto desde el principio. Que, por mucho que se esfuerce, nunca podrá compensar esa ausencia de padre.

Sin embargo si el hijo es producto de una violación o del incesto, aparecerán los pro vida a pedirle que no aborte o que dé el hijo en adopción. En ese caso el tema del padre pasa a segundo plano y lo fundamental es hacerla parir;

El tema del padre genera una presión cultural inmensa y además hace que se confunda la ausencia de la figura paterna con dificultades  muy materiales y concretas. No es lo mismo temer que a un hijo le falte una supuesta «energía masculina» que preguntarse cómo pagar el alquiler, trabajar y cuidar a un bebé sin ayuda.

Lo primero es una creencia acerca de cómo debería estar constituida la familia patriarcal, ese modelo preferido por los amantes de lo que llaman "familia tradicional". Lo segundo es un problema real de organización social y es aquí donde encuentro una paradoja particularmente irritante: se considera que una mujer con sus hijos sola no constituye una familia suficientemente completa, cuando es una opción personal de ella pero cuando un hombre abandona a sus hijos, es ella quien debe garantizar que esa "familia" siga funcionando.

En mi libro cuestiono que la familia patriarcal sea la unidad fundamental de la sociedad y propongo situar en el centro el vínculo entre la madre y su criatura. Desde ese planteamiento, la mujer que decide maternar sin pareja no está formando una "familia defectuosa", solo está siendo madre.

Y esto nos devuelve a los padres de los que empezamos hablando. Tener un padre no garantiza recibir amor, seguridad ni cuidados. De hecho muchos hogares viven un infierno debido a la presencia del padre en ellos, cuando se va a trabajar la casa respira y cuando regresan, todos huyen hacia un rincón.

Tengamos también en cuenta que no es lo mismo la no existencia de un padre que el abandono de un padre.

Un niño concebido en un proyecto de maternidad en solitario no necesariamente vive su situación como la pérdida de alguien que debería estar allí. En cambio, un niño cuyo padre lo abandona puede experimentar una ruptura afectiva real. Confundir convenientemente ambas situaciones permite trasladar a las madres que eligen criar solas las consecuencias de una conducta —el abandono— que ellas no han cometido.

Por supuesto  no todas las mujeres que renuncian a tener  hijos están renunciando a una maternidad deseada, ni todos los abortos responden al rechazo de las condiciones de crianza. Pero aquellas que sí desean ser madres y renuncian por falta de recursos, apoyo o por miedo a hacerlo solas,  plantean una cuestión política muy seria porque el reemplazo generacional es de mucho interés para todos y todas.

¿Cuántas mujeres no están renunciando a los hijos, sino a las condiciones en las que se les exige tenerlos?

Y quizá todavía hay una pregunta más incómoda: ¿por qué una sociedad tan preocupada por la natalidad y por garantizar la presencia del padre no muestra la misma determinación para garantizar que ninguna mujer tenga que renunciar a una maternidad que desea por falta de apoyo?

Si lo pensamos... estamos mucho más acostumbrados a discutir lo que supuestamente le falta a una madre sola que lo que la sociedad, demandadora de reemplazos humanos,  le debe a cada madre por sus hijos.

Y esto debe ser independiente de que ella tenga marido o no. 

LOS TRES LISTILLOS

TRES SABIOS Y UNA HUMANIDAD DAÑADA Hay gente cuyas opiniones no tienen mayores consecuencias. Dicen una estupidez, alguien los escucha, quiz...