La disrupción real no consiste en hablar más alto que el discurso dominante, sino en volver innecesario su permiso para hacerlo.
Si lo que buscas, como lector, es una obra intelectualmente incómoda, políticamente subversiva y ajena a las consignas fáciles, Materfiesto, mi séptimo libro,merece una lectura seria.
Aquí no se repite lo que ya circula en los discursos contemporáneos sobre maternidad, infancia o derechos. Al contrario, se rompe con ellos y lejos de ocupar un lugar dentro del debate actual, cuestiono el marco entero desde el que ese debate se formula.
1. Rompe con el feminismo institucional
Uno de los gestos más provocadores de Materfiesto es su crítica al feminismo institucional y académico. El libro sostiene que una parte de ese feminismo, lejos de proteger a las madres, ha terminado asumiendo la misma lógica de control que antes se atribuía exclusivamente al patriarcado, es decir, vigilancia, regulación, intervención técnica y subordinación del vínculo materno-filial a categorías jurídicas, periciales o burocráticas.
Lo que pongo en cuestión es la idea de que toda ampliación legal o toda política pública, en nombre de la igualdad, produce necesariamente más protección o más libertad. En Materfiesto, esa "promesa" aparece bajo sospecha.
El poder no desaparece porque cambie de lenguaje; a veces simplemente se moderniza.
2. Rompe con el racionalismo abstracto
Donde gran parte del pensamiento contemporáneo habla de roles, estructuras, construcciones culturales o dispositivos normativos, Materfiesto devuelve el foco al cuerpo materno y al vínculo concreto entre madre e hijo.
Ese desplazamiento supone cambiar el centro del razonamiento político y pasar de la abstracción jurídica al hecho biológico, de la norma al vínculo, del sujeto administrado a la vida encarnada. Y ahí reside una de sus singularidades.
Planteo mi rechazo a la teoría de la maternidad como identidad cultural o como rol social intercambiable, y lo defiendo como realidad vital. Mi lenguaje puede ser tachado de poético en algunos momentos, y es normal, porque escribo poesía hace años, pero no hay que engañarse, el eje del argumento no es sentimental sino biológico, antropológico y político.
3. Rompe con la obediencia al sistema
Materfiesto no pide simplemente más reconocimiento para las madres ni una mejora de su encaje dentro del sistema jurídico actual. Va más lejos pues cuestiona la legitimidad misma de que el Estado, los tribunales o las burocracias técnicas se arroguen autoridad sobre el vínculo materno-filial.
Ese es, quizá, su gesto más radical y me parece que muchas madres al plantearlo así van a entender, mejor que nadie, adónde quiero llegar.
No se trata de reclamar una reforma cosmética ni una nueva categoría legal. Se trata de afirmar que existe una realidad anterior al derecho, una soberanía vital que no nace de la ley ni depende de ella. El vínculo entre madre e hijo no sería, en esta perspectiva, una relación concedida o administrada por el sistema, sino una realidad previa que el poder solo puede reconocer o violentar.
4. La clave: autoridad sin permiso
Materfiesto habla desde una autoridad que no solicita permiso para existir. Y eso cambia todo.
Cuando una madre afirma que su vínculo con su hijo no se negocia, no está formulando solo una queja privada o un reclamo emocional. Está enunciando una posición política de primer orden. Una posición que discute los límites del derecho, la legitimidad de la intervención estatal y la propia arquitectura de la familia moderna.
Ahí es donde Materfiesto deja de ser solo un libro incómodo para algunos y se convierte en una obra realmente disruptiva que no propone una adaptación del sistema, sino una impugnación de sus fundamentos.
Repito, hablo de una disrupción real, no decorativa. Hoy se llama “disruptivo” a casi cualquier cosa que use palabras altisonantes, tres neologismos y una portada con pretensiones. Pero una obra es verdaderamente disruptiva cuando no adorna el discurso dominante ni se arrodilla ante él sino que lo desarma y nos obliga a pensar desde otro lugar y eso es lo que hace Materfiesto.
Aquí no se ofrecen una variaciones elegantes sobre ideas ya aceptada sino que se propone un cambio de eje, un movimiento que nos lleva desde el derecho al vínculo, de la burocracia a la vida, de la tutela institucional a la invisibilizada autoridad materna.
Y por eso puede incomodar a algunos. Porque toda obra que toca un nervio real del orden vigente parece excesiva y puede ser catalogada como radical o incluso herética. A veces lo es, y no debería ser un problema. Otras, simplemente, está diciendo algo que demasiada gente preferiría no escuchar.
Queda aquí mi invitación a leerlo y a abrir debates que se están considerando cerrados o inexistentes.
Un abrazo

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