"No hay consuelo más fuerte, ni mirada más certera, que la de una amiga que ha vivido lo mismo."
– Isabel Allende, escritora chilena.
Entre todas las cosas sobre las que nadie me ha preguntado aún me quedan muchos asuntos. Uno de los principales es la amistad y el amor entre mujeres. Y no me refiero al amor romántico de las lesbianas, sino al amor de amigas, que por supuesto las lesbianas también practican como mujeres maravillosas que son.
Me refiero a esa amistad femenina que el patriarcado se encarga de decirnos, casi diariamente, que no existe, porque las mujeres no sabemos ser amigas. O no la necesitamos, porque las amigas malmeten y una mujer de su casa, con sus hijos, su marido y su trabajo no tiene tiempo para amigas, que además te pueden quitar al marido, como si los maridos fueran un bien tan apreciado en todos los casos.
Conozco mujeres que darían un brazo porque alguien les quitara (de encima y de al lado) al marido😂 Pero eso es otro tema. Hoy vamos a hablar de la amistad y el cariño entre mujeres usando el ejemplo de las mujeres chinas que durante 1000 años usaron el Nüshu y para eso empezaré por explicar qué era y si en algo me equivoco agradeceré que alguna mujer china me corrija para atenerme a la verdad pues esta historia no necesita adornos ni invenciones para hacerla grandiosa.
El Nüshu (女书) —literalmente “escritura de mujeres”— es un sistema de escritura único en la historia de la humanidad, creado y utilizado exclusivamente por mujeres en una región concreta del sur de China, especialmente en el condado de Jiangyong, provincia de Hunan. Lo fascinante no es solo su existencia, sino el hecho de que sobreviviera durante siglos, en una cultura profundamente patriarcal, como lenguaje íntimo, secreto y solidario entre mujeres.
Lo primero que me llama la atención es que no es un idioma oral nuevo, sino un sistema de escritura particular que las mujeres usaban para escribir su lengua hablada, un dialecto del chino xiang del sur (muy distinto al mandarín). Ya que ellas tenían vedado el acceso a la alfabetización , simplemente inventaron otra forma de escribir su propio idioma. Si esto no es ser revolucionaria y valiente, que venga Dios y lo vea.
En segundo lugar, y esto me parece extraordinario, es que usan las sílabas. Osea su idioma secreto y privado es silábico, no logográfico como los caracteres chinos tradicionales. Cada signo que usan representa una sílaba, y tiene una estética caligráfica característica: trazos largos, inclinados, delicados, casi como bordados en papel.
Se escribía de forma vertical, de arriba abajo, y de derecha a izquierda y tiene unas 600–700 grafías básicas, frente a los miles de caracteres del chino estándar. Suficiente para representar el dialecto local de una forma nueva y diferente a como escribían los hombres el mismo idioma que tanto ellos como las mujeres hablaban.
Solo lo usaban mujeres no escolarizadas, en zonas rurales. Aprendían Nüshu en la intimidad del entorno femenino (madres, tías, amigas), nunca en la escuela ni con hombres. Generalmente escribían cartas, poemas, canciones, autobiografías y relatos de sufrimiento o solidaridad.
Era común que las mujeres lo utilizaran para enviarse cuadernos de “cartas de hermanas del alma” (jiebai zimei), una especie de pacto espiritual entre mujeres que obviamente no se casarían entre sí, pero se comprometían a una amistad más fuerte que la de sangre y que tal vez podría considerarse tan fuerte como el matrimonio (hasta que la muerte nos separe) y que quedaba sellado con mucha profundidad.
También se usaba en rituales como el de la “cama de matrimonio”: antes de que una mujer se casara (y fuera enviada lejos de su familia), sus amigas y familiares le regalaban un cuaderno de Nüshu con canciones y consejos, a veces acompañado de bordados o pañuelos también inscritos.
El Nüshu fue, por tanto, una forma de resistencia pasiva en un contexto de opresión femenina total. Las mujeres no podían ir a la escuela, ni heredar, ni participar en la vida pública. Como sucedía en Europa y sucede hoy en contextos musulmanes. En muchos casos, eran esclavas domésticas o casadas por conveniencia y el dominio del Nüshu les permitía tener voz, memoria, historia compartida y una red de apoyo emocional invisible para los hombres.
Lamentablemente el Nüshu empezó a declinar a mediados del siglo XX, con el colapso de las estructuras rurales tradicionales y el ascenso del comunismo. Durante la Revolución Cultural (1966–1976), fue perseguido y quemado como superstición feudal. Y esto llevó a que muchas mujeres escondieran o destruyeran sus escritos por miedo. Por lo que he estado averiguando la última mujer conocida que lo usaba con fluidez se llamaba Yang Huanyi, y ella murió en 2004.
Desde que terminaron de intentar destruirlo hasta hoy ha ido siendo rescatado pero en versión turística y académica. Desde los años 90, el gobierno chino lo ha promovido como “patrimonio cultural”, aunque con fines más decorativos que auténticos y hoy en día existen museos, talleres y estudios universitarios dedicados al Nüshu, sin embargo ya no hay una comunidad viva de mujeres que lo use naturalmente.
El riesgo de que se folclorice, se convierta en mercancía estética para turistas y pierda su carga subversiva es total, me temo que pronto veremos camisetas y bolsas con los versos que estas mujeres escribieron desde el terror y el dolor y pasará como pasó con la foto de Marilyn o el símbolo del ying y el yang. Se vanalizará y tratarán de quitarle la profundidad y el significado.
Cuando eso pase espero que haya mujeres en China y aquí que recuerden que no era un idioma secreto por definición, sino “privado”: no oculto, sino marginalizado. Los hombres no se molestaban en aprenderlo. Tambien es importante que sepan que el Nüshu no tenía valor legal, ni reconocimiento oficial. Por eso sobrevivió sin despertar sospechas. Las mujeres siempre debemos tener en mente esas vías porque no sabemos cuando podremos necesitar comunicarnos entre nosotras sin ser fiscalizadas ni custodiadas.
La función principal de esta maravilla era sanadora y relacional, más que informativa. Fue una lengua del alma escrita con trazos de dolor y ternura, en una sociedad y época que, como las nuestras, negaba a las mujeres toda forma de expresión pública. Es el ejemplo más puro de lenguaje simbólico femenino autónomo que yo he encontrado. Si alguien conoce otro que se pueda comparar, por favor, que me escriba y me lo enseñe.
Lo grandioso de esta forma de escritura es que no nació para competir con el poder masculino, sino para sobrevivir al margen de él. Y en eso, su valor político es incalculable. Por desgracia la mayoría de manuscritos Nüshu fueron destruidos, enterrados o quemados por lo que los que sobreviven son extremadamente raros y valiosos. Las copias escaneadas incluidas en colecciones académicas (como la obra en varios volúmenes editada por Zhao Liming en 2005) permiten transcribir e interpretar más de 640 documentos reales
A continuación comparto dos textos auténticos escritos originalmente en Nüshu por mujeres de la región de Jiangyong. Los fragmentos han sido traducidos por sinólogos y expertas como Zhao Liming y Fei-Wen Liu. Los muestro aquí traducidos al español, espero que con fidelidad. Me conmueve el tono íntimo y poético que caracteriza este tipo de escritura.
Texto 1. (Transcripción parcial de un cuaderno entregado a una amiga que se iba a casar) Este tipo de textos se escribía sobre tela o papel, acompañado de bordados o dibujos. No era solo una despedida: era una afirmación de hermandad en un mundo que no dejaba lugar a los lazos femeninos no familiares.
Junto al pozo, no se tiene sed.
Junto a la hermana, no hay tristeza.
Hoy mi corazón está roto,
te vas a la casa de otros.
Nuestra amistad fue como el arroz en la olla:
hirvió, se mezcló, se hizo uno.
Ahora cada una se sienta sola.
Yo aquí, tú allá.
No tengo palabras, solo lágrimas.
Que tu nueva casa te trate bien.
Que no olvides nuestras canciones.
Que no olvides nuestras risas.
Texto 2 — Poema autobiográfico (Compuesto por Tang Baozhen, mujer letrada en Nüshu a principios del siglo XX) Este poema refleja lo que muchas mujeres no podían decir en voz alta. El Nüshu la ayudó a escribir su diario íntimo.
Sentada sola en una habitación vacía,
no pienso en nada más
que en escribir este canto para lamentar mi dolor.
Nací mujer de destino seco,
sin suerte, sin alegría.
Mis padres me vendieron por arroz y tela.
Mi esposo no me ama.
Solo la luna me escucha.
Solo el pincel me acompaña.Estas traducciones proceden de documentos reales estudiados por Zhao Liming (赵丽明), principal conservadora e investigadora del Nüshu en China, y de los archivos del Museo del Nüshu en Jiangyong. También se han publicado fragmentos en obras como: Fei-Wen Liu, Gendered Words: Sentiments and Expression in Changing Rural China.
Lo que esas mujeres escribían no era poesía en el sentido academicista y pretencioso del término, sino vida comprimida en palabras, sin impostura. No les importaba la métrica, ni la originalidad, ni el aplauso. Les importaba, seguramente, no volverse locas del todo. Puedo imaginar que les importaba que otra mujer las entendiera. Yo, soy mujer igual que ellas y las entiendo porque parte de lo que escribieron ha llegado hasta mí y he vivido momentos de opresión como mujer y madre que me ayudan a comprender.
Adivino que querían saber que si alguien leía sus escritos después de que ellas ya no estuvieran vivas, supiera que hubo dolor, que hubo ternura, que hubo pacto entre mujeres en medio de una estructura brutal que las usaba, las vendía y las silenciaba.
Y sí, mucho más valor tiene eso que los poemitas aburridos sobre la mariposa en el almendro escritos por varones aburridos que nunca han sabido lo que es perder un hijo o una amiga por culpa del matrimonio, del hambre o del Estado. Ellas no escribían “para la eternidad”, ni para que la academia las validara. Escribían para resistir el día siguiente. Y eso deja más huella que mil versos con ruiseñores, estrellas aburridas y líricas aclamadas por varones narcisistas.
Texto 3 — Carta de hermanas juradas (jiebai), tipo sanzhaoshu
(Extracto de un cuaderno entregado a una amiga que se casaría) Procede de lo que se llama un cuaderno del tercer día, entregado tras la boda, lleno de consejos, deseos y despedidas íntimas de amigas que tal vez nunca más te podrían ver ni visitar.
Juntas en la misma olla, el arroz ya es una sola vida.
Hoy te acercas a la nueva casa,
yo me quedo con la olla que gime vacía.
El corazón se encoge y el agua se congela en los ojos.
Cuando la luna brille grande,
que recuerdes nuestras risas bordadas en azul.
Que no olvides la canción que tejimos.
Texto 4 — Poema autobiográfico, estilo su kelian (En este género, la mujer lamenta su destino limitado)
Mi vida fue labranza sin semillas,
un campo seco ante la lluvia ausente.
Las voces ajenas decidieron por mí:
mi hogar, mi nombre, mi camino.
Escribo un lamento que nadie escuchará,
salvo la luna que alumbra mi tela solitaria.
Semejante a lo que describen Liu o Zhao Liming en sus recopilaciones de autobiografías escritas en Nüshu
Quiero terminar diciendo que encuentro un paralelismo profundo del Nüshu con ciertas formas de expresión simbólica femenina andina que, aunque no siempre han sido reconocidas como “escritura”, contienen lenguaje, memoria y protesta. En muchas regiones de Perú, especialmente en la sierra sur y en comunidades quechuas o aimaras, las mujeres bordan, tejen o hilvanan símbolos en sus faldas, mantas (lliqllas), monederos, cinturones (chumpis) o sombreros. A primera vista pueden parecer simples decoraciones coloridas, pero en realidad forman parte de un código que ellas mismas reconocen, transmiten y reproducen con variaciones, según su linaje, su experiencia o el contexto social.
No se trata de un alfabeto fonético como el Nüshu, pero sí de un lenguaje gráfico y simbólico que transmite información concreta: motivos de pertenencia familiar, señales de duelo, resistencia silenciosa, alegorías del ciclo agrícola, del cortejo, del parto, del abandono. El lenguaje de los hilos y los tejidos, aunque no represente sonidos, sí representa sentidos compartidos por la comunidad femenina que lo entiende y lo perpetúa. Es significativo que muchos antropólogos hayan ignorado sistemáticamente este tipo de lenguaje por no parecerse a la escritura occidental, lo cual no hace más que evidenciar el sesgo masculino y académico con el que se ha construido la historia de la cultura. Cuando se entrevista directamente a las mujeres bordadoras, no a los caciques ni a los expertos varones, muchas de ellas afirman con claridad que sus bordados “hablan” o “cuentan cosas”.
En este sentido, las similitudes con el Nüshu son reveladoras. El Nüshu traduce un idioma hablado a grafías silábicas; el bordado andino, por su parte, traduce vivencias, relaciones y cosmovisión a símbolos textiles. Ambos sistemas eran usados y entendidos exclusivamente por mujeres, nacieron y se mantuvieron al margen de las estructuras oficiales del poder, se transmitían de madre a hija o entre amigas, y su contenido tenía casi siempre una carga emocional y social intensa: muerte, migración, maltrato, maternidad, memoria. Eran formas de decir lo que no se podía decir en público, formas de registrar lo que la historia oficial, siempre patriarcal, jamás se detendría a escribir.
Un ejemplo actual de esta escritura simbólica lo encontramos en las bordadoras de Ayacucho. Después del conflicto armado interno en Perú durante los años ochenta y noventa, muchas mujeres que perdieron a sus hijos o a sus maridos comenzaron a bordar escenas de la violencia en mantas, tapices o prendas de vestir. Esos bordados muestran helicópteros, soldados, sangre, iglesias, niños huyendo, madres llorando. Ellas no redactan manifiestos ni publican libros, pero registran su historia con la aguja como pluma, dejando en la tela el testimonio de lo que vivieron y de lo que nunca se quiso escuchar.
Esto nos lleva a la pregunta fundamental: ¿es eso escritura? La respuesta depende de cómo definamos el acto de escribir. Si exigimos que toda escritura represente sonidos, entonces no lo es. Pero si aceptamos que escribir puede ser representar significados compartidos de forma codificada y transmisible dentro de una comunidad, entonces sí lo es. Y no solo eso: es una forma de escritura profundamente legítima, íntimamente vinculada con la supervivencia, la memoria y la dignidad. Para quienes han vivido y muerto dentro de ese código, los hilos hablan más fuerte que muchas letras.
El Nüshu también se bordaba, y no solo se escribía con pincel o pluma sobre papel. Esto es fundamental para comprender que no era simplemente una escritura en el sentido tradicional, sino un lenguaje integral femenino, que podía trasladarse a distintos soportes según el contexto y el propósito. Se bordaba sobre pañuelos, cintas, fajas, manteles, abanicos, fundas de almohada y sobre todo en los regalos que las mujeres se intercambiaban antes del matrimonio o en rituales de despedida. No se bordaban textos largos como los que se escribían en cuadernos, sino versos breves, nombres, dedicatorias, fórmulas de afecto, o a veces un solo carácter simbólico que la destinataria sabía interpretar.
Sí, repito, el Nüshu se bordaba, y esa dimensión textil lo une aún más con las formas de expresión femenina de otras culturas, como los bordados de Ayacucho, los pañuelos de duelo en Turquía o los mantos saharauis. Fue una forma de escritura no solo íntima, sino encarnada en objetos, lo que la vuelve aún más poderosa. Me pregunto si hoy las niñas de nueve años que son casadas a la fuerza con pederastas en los países que aceptan esta aberración también bordan. O si las niñas que han sufrido ablación tienen un lenguaje secreto que un día descubriremos espantados del horror que están viviendo.
Parece que el Nüshu no solo se escribía, en cierto modo se tejía y se entretejía con la vida cotidiana, tal y como las amistades verdaderas entre mujeres. Amistades y compromisos que trascienden el tiempo y el espacio y unen a nuestras hermanas chinas con las niñas que hoy siguen siendo obligadas a casarse a la fuerza y a parir con diez, doce o trece años. Con las madres que pierden sus hijos o son patologizadas y obligadas a seguir tratamientos psiquiátricos por orden de jueces de familia.
Isabel Salas
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